viernes, 12 de agosto de 2022

UNA ESCULTURA DE SAN ELÍAS ATRIBUIBLE A JOSÉ DE ARCE

Publicado en:

Archivo Hispalense, n.º 315-317, tomo CIV, Diputación de Sevilla. Servicio de Archivo y Publicaciones, Sevilla, 2021, pp. 463-469, ISSN 0210-4067.


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RESUMEN: Se presenta una nueva atribución al escultor José de Arce. Se trata de una escultura de San Elías conservada en una colección particular de Jerez de la Frontera (Cádiz), aunque es probable su procedencia de la iglesia de San Alberto de Sevilla.

PALABRAS CLAVE: Escultura, siglo XVII, José de Arce, orden carmelita.

ABSTRACT: We present a new work that could be atribuitted to the sculptor José de Arce. It is a sculpture of Saint Elijah which is preserved in a private collection in Jerez de la Frontera, although it is likely to originate from the Saint Albert church in Seville.

KEY WORDS: Sculpture, 17th century, José de Arce, the Carmelite Order.

 

El escultor flamenco José de Arce alcanzó una especial relevancia como introductor de las formas del barroco europeo en la escultura sevillana durante el segundo tercio del siglo XVII, dejando una huella profunda que se dejará sentir a lo largo de toda la segunda mitad del Seiscientos. No obstante, pese a este importante papel, el interés de la historiografía por Arce ha sido relativamente reciente, siendo en las últimas décadas cuando se han multiplicado los artículos y monografías que se han dedicado a él[1]. Es, por ello, que el mejor conocimiento de su obra permite seguir profundizando en su producción, como pretendemos hacer en este trabajo proponiendo una nueva pieza a incluir en su cada vez más extenso catálogo.

Se trata de una escultura de San Elías, de madera policromada y tamaño natural, perteneciente a una colección particular de Jerez de la Frontera. Sin embargo, es importante señalar  que es una talla de procedencia sevillana y vinculada con la orden del Carmen Calzado. Según información suministrada por la familia que en la actualidad es propietaria de la imagen, fue adquirida al comprar el edificio y los bienes muebles de un antiguo convento carmelita de Carmona abandonado en la actualidad y que se levantó a mediados del siglo XX en la carretera entre esta localidad y la de El Viso del Alcor. Allí estuvo ubicado en un altar dentro del llamado “consistorio” del monasterio[2]. Las mismas fuentes nos aseguran que la talla llegó a Carmona desde el Convento del Buen Suceso de Sevilla. Esto permite ponerla en relación con alguno de los dos cenobios de carmelitas calzados existentes en época barroca en la capital hispalense, la Casa Grande del Carmen y el Colegio de San Alberto[3].

Ambos conventos sevillanos fueron suprimidos tras la Desamortización de 1835. Ya a finales del siglo XIX, cuando los frailes se instalan en el Buen Suceso colocan algunas obras artísticas en esta nueva sede. Buena parte de ellas provienen de San Alberto, como son los casos de las imágenes de Santa Teresa de Jesús, San Alberto o Santa Ana. Cabe preguntarse si pudo ser igualmente este el caso de nuestro San Elías.

Malo Lara en su estudio sobre La iglesia de San Alberto de Sevilla en el siglo XVII reconstruye con amplia base documental el rico conjunto retablístico, desgraciadamente desaparecido, que ocupó las capillas laterales y los pies del templo, todo ello realizado entre 1626 y 1637. Estuvieron ocupados mayoritariamente por pinturas, realizadas por autores tan destacados como Francisco de Zurbarán, Alonso Cano, Francisco de Herrera El Viejo o Francisco Pacheco. Las escasas esculturas de estos altares alcanzaron el mismo nivel artístico, como lo testimonian las referidas imágenes de Santa Teresa tradicionalmente atribuida al propio Alonso Cano y la Santa Ana con la Virgen Niña de Juan Martínez Montañés[4]. No hay referencias a una escultura del profeta Elías en estas capillas, debiendo destinarse al mítico fundador de la orden del Carmelo un lugar más preeminente del templo, junto a la Virgen del Carmen y al titular del templo, una obra, esta última, que también se ha relacionado con Cano y Montañés[5]. No obstante, parece que la zona del crucero y capilla mayor de la iglesia fue concluida y decorada ya en el Setecientos[6]. La descripción que hace Antonio Ponz en 1786 es, en este sentido, muy llamativa, ya que al aludir a los citados altares levantados en el siglo XVII afirma que “todos los referidos retablos son de arquitectura arreglada, no sucediéndole así al mayor, y a los colaterales, que son modernos, y muy disparatados”[7]. En uno de estos retablos dieciochescos se ubicaría un San Elías. González de León al describir en 1844 la iglesia, redecorada tras el saqueo francés, informa que “En el retablo colateral del lado del Evangelio, que está en el brazo del crucero, estaba S. Elías”, mientras que el “colateral del lado de la Epístola está dedicado al titular del templo, S. Alberto de Sicilia, y en él está su imagen de escultura de mano del citado Alonso Cano[8].

Esta última, conservada como hemos dicho en el Buen Suceso, ofrece en la actualidad un acabado polícromo propio de la segunda mitad del siglo XVIII, similar al que también ostenta la pieza que presentamos en este estudio, por lo que, en el caso de que aceptemos su procedencia de esta iglesia, habría que pensar que ambos fueron readaptados al nuevo gusto rococó por el mismo tiempo.

Con todo, cabe la posibilidad, tal vez más improbable pero no del todo descartable, de que nuestro San Elías proceda de la Casa Grande del Carmen Calzado. Allí el propio González de León nos dice que “Hace cabeza a la nave del Evangelio el altar dedicado a S. Elias, imagen de tanto mérito como que se puede tener por de Torrejiano”[9]. Queda con ello clara la positiva valoración de la obra, aunque la alusión a Pietro Torrigiano se antoje un tanto forzada para una posible identificación con la escultura que vamos a comentar.

            Entrando en el análisis formal de la imagen, el santo ofrece su habitual representación. Aparece de pie, vestido con túnica y con la capa de piel, por su condición de precursor de la vida eremítica. Dirige la cabeza hacia la izquierda. Porta sus tradicionales atributos: la espada flamígera en la mano derecha, en alusión a su victoria sobre los profetas del dios Baal[10], y en la izquierda un libro abierto, que hace referencia a su condición de profeta[11] (Fig. 1).

1.      “San Elías”, colección particular de Jerez de la Frontera (atribuido a José de Arce, h. 1649-1666)



La pieza está concebida para verse desde un punto de vista frontal, pareciendo claro que estuvo destinada en origen a un retablo. Esto explicaría  la distinta calidad que ofrecen las diferentes partes de la talla, con una mayor atención en el acabado y la expresividad de cabeza y manos frente al resto del cuerpo, de terminación más convencional e incluso menos cuidada, como vemos en la disposición algo forzada del pie derecho.

2.      “San Elías”, colección particular de Jerez de la Frontera. Detalle de la cabeza.



3.      “San Elías”, colección particular de Jerez de la Frontera. Detalle de la cabeza.



El vigoroso modelado de la cabeza es lo más llamativo de toda la obra y lo que más la acerca al estilo de José de Arce (Figs. 2 y 3). El rostro resulta expresivo. Posee una mirada dramática, a través de sus ojos de párpados deprimidos y cejas fruncidas. Las mejillas aparecen también rehundidas, dibujando un característico surco bajo los pómulos que se desvanece en sutil transición con la talla, muy abocetada, de la barba. Este último pormenor remite, con cierta claridad, al conjunto realizado para el desaparecido retablo mayor de la Cartuja de Jerez (1637-1639), hoy en la Catedral de la misma ciudad, caso, por ejemplo, del Crucificado o, muy especialmente, el San Judas Tadeo (Fig. 4). El abundante bigote tapa las comisuras de los labios. La barba cae y se extiende sobre el pecho en largos y curvilíneos mechones, recordando, sin alcanzar su enérgica talla, a las de los célebres evangelistas y Padres de la Iglesia que labraría en piedra para la iglesia del Sagrario de la Catedral de Sevilla (1657). El cabello, compuesto con evidente síntesis a base de masas compactas y dinámicas, está también en la línea de la obra de Arce y sus más inmediatos seguidores.

4.      “San Judas Tadeo”, Catedral de Jerez de la Frontera (José de Arce, 1637-1639).



En cuanto a las manos, muestran del mismo modo gran afinidad con otros trabajos del artista flamenco, muy especialmente palpable en la izquierda, en mejor estado de conservación. El recuerdo de la derecha de la imagen jerezana de San Bruno (1641), procedente de la Cartuja y hoy asimismo en la Catedral, es elocuente en sus dedos, nervudos y largos, de abultados nudillos y con el meñique más flexionado que el resto (Fig. 5).

5. Comparativa entre las manos de “San Elías” y de “San Bruno” de la Catedral de Jerez de la Frontera (José de Arce, 1641).


Como hemos adelantado, la policromía no puede ser la original ya que responde a las características propias del Rococó, hacia el tercer cuarto del siglo XVIII. De este modo, vemos en el hábito una vistosa composición asimétrica de gruesos tallos vegetales combinados con rocallas, que han sido resaltadas por picados de lustre. La rocalla se convierte en protagonista de las cenefas donde es empleada mediante la técnica del cincelado.  

Para finalizar, merece la pena dedicar algunas líneas a la cronología de la imagen. Si se acepta que fue realizada para la iglesia de San Alberto, resulta posible que se ejecutara al final del periodo de decoración interior, que alcanza la fecha de 1637, precisamente un año después de las primeras noticias que se tienen de Arce en Sevilla. Con todo, el hecho de que sepamos que la zona del crucero y cabecera del templo, donde la obra se situaría, tardó mucho tiempo en concluirse, junto con las características formales, donde parece percibirse una mayor intervención del taller en la terminación del cuerpo del santo, nos lleva a valorar con más determinación la posibilidad de situarla en la etapa final sevillana de su hipotético autor, entre 1649, tras su definitiva marcha de Jerez tras concluir el retablo mayor de la Parroquia de San Miguel, y 1666, año de su muerte. Un periodo en el que los encargos sevillanos se multiplicarían y el peso de los oficiales en su taller sería más acentuado.

 



[1] RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza de los. José de Arce y la escultura jerezana de su tiempo: 1637-1650. Cádiz: Diputación Provincial, 1991. RÍOS MARTÍNEZ, E. de los. “Nuevas aportaciones documentales a la vida y obra de José de Arce”. Archivo Español de Arte, 1994, nº 268, pp. 377-390. TORREJÓN DÍAZ, Antonio: “El flamenco José de Arce, autor del Cristo de las Penas (1655)”. Boletín de las cofradías de Sevilla, 1997, nº 458, pp. 78-79. JÁCOME GONZÁLEZ, José y ANTÓN PORTILLO, Jesús. “Apuntes histórico-artísticos de Jerez de la Frontera en los siglos XVI-XVIII (2ª serie)”, Revista de Historia de Jerez, 2001, nº 7, p. 110. GÓMEZ PIÑOL, Emilio. “Escultura de San Isidoro, Catedral de Sevilla, José de Arce” en San Isidoro Doctor Hispaniae. Sevilla: Fundación El Monte, 2002, p. 312. ROMERO TORRES, José Luis. “Jesús Nazareno, José de Arce, Parroquia de San Isidoro del Campo, Santiponce” en San Isidoro del Campo (1301-2002). Fortaleza de la espiritualidad y santuario del poder. Sevilla: Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 2002, pp. 184-187. JÁCOME GONZÁLEZ, J. y ANTÓN PORTILLO, J. “Apuntes histórico-artísticos de Jerez de la Frontera en los siglos XVI-XVIII (3ª serie)”, Revista de Historia de Jerez, 2002, nº 8, pp. 115-117. RUBIO MASA, Juan Carlos. “José de Arce y la cuestión de la autoría de las escultura del retablo mayor de la Colegiata de Zafra” en Symposium Internacional Alonso Cano y su época. Granada: Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 2002,   pp. 763-768. RECIO MIR, Álvaro. “José de Arce en la Catedral de Sevilla y el triunfo del dinamismo barroco en la escultura hispalense”, Laboratorio de Arte, 2002, Sevilla, pp. 133-159. QUILES GARCÍA, Fernando. “De Flandes a Sevilla. El viaje sin retorno del escultor José de Arce (c. 1607-1666)”, Laboratorio de Arte, 2003, nº 16, pp. 135-150. ROMERO TORRES, J. L. “El escultor flamenco José de Arce: Revisión historiográfica y nuevas aportaciones documentales”, Revista de Historia de Jerez, 2003, nº 9, pp.27-42. ESPINOSA DE LOS MONTEROS SÁNCHEZ, Francisco. “Sobre la posible estancia del escultor José de Arce en Roma”, Revista de Historia de Jerez, 2005-2006, nº 11-12, pp. 241-248. RÍOS MARTÍNEZ, E. de los. José de Arce, escultor flamenco (Flandes 1607- Sevilla 1666). Sevilla: Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2007. VILLA NOGALES, Fernando. La imagen de San Teodomiro Mártir. Abogado; Hijo Ilustre y Patrón de Carmona. Carmona: Ayuntamiento de Carmona, 2010. MARTÍNEZ AMORES, Juan Carlos.  “José de Arce y el Cristo de las Penas. Acerca de sus fuentes grabadas”, Boletín de las cofradías de Sevilla, 2011, nº. 626, pp. 320-325. GARCÍA LUQUE, Manuel. “Fuentes grabadas y modelos europeos en la escultura andaluza (1600-1650)” en: GILA MEDINA, Lázaro (coord.). La consolidación del Barroco en la escultura andaluza e hispanoamericana. Granada: Universidad, 2013, pp. 179-256. MORENO ARANA, José Manuel. “La escultura barroca en las provincias de Cádiz y Huelva” en FERNÁNDEZ PARADAS, Antonio Rafael. Escultura Barroca Española. Nuevas lecturas desde los siglos de oro a la sociedad del conocimiento, volumen II (“Escultura Barroca Andaluza”). Antequera: ExLibric, 2016, pp. 280-281. RÍOS MARTÍNEZ, E. de los. “La figura de José de Arce ante la historia y la crítica (I). Los siglos XVII y XIX”, Revista de Historia de Jerez, 2016, nº 19, pp. 71-98. RÍOS MARTÍNEZ, E. de los. “La figura de José de Arce ante la Historia y la Crítica (II). Los siglos XIX a XXI”, Revista de Historia de Jerez, 2017-2018, nº 20-21, pp. 129-158. ROMERO TORRES, J. L. “Juan Martínez Montañés, Francisco de Ocampo y José de Arce: nuevas aportaciones al estudio de sus fuentes iconográficas”, Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna, 2019, nº 21, pp. 92-98. DÁVILA-ARMERO DEL ARENAL Álvaro, FERIA MARQUÍNEZ Gabriel y RAMÍREZ TORRES, Guillermo. José de Arce. Sevilla: Editorial dArte, 2020.

[2] Este espacio, ocupado por una sillería neogótica, estaba adornado con tres altares, estando el central ocupado por una imagen de la Virgen del Carmen y los laterales por las tallas de nuestro San Elías y de un San Alberto de Trapani o Sicilia. Esta última es una imagen barroca, aunque sin relación estilística con la escultura de San Elías; hoy se conserva en la capilla de la finca de “Los Montes” en La Puebla del Río. Agradecemos la información a D. Francisco López Becerra de Solé, Duque de Maqueda.

[3] A nivel general, sobre los conventos carmelitas sevillanos ver: MARTÍNEZ CARRETERO, Ismael. Los Carmelitas en Sevilla: 650 años de presencia (1358-2008). Sevilla: Provincia Bética de PP. Carmelitas, 2009.

[4] MALO LARA, Lina. La iglesia de San Alberto de Sevilla en el siglo XVII. Reconstrucción de un patrimonio artístico disperso o desaparecido. Sevilla: Diputación de Sevilla, 2015, pp. 49-144.

[5] La imagen de San Alberto de Sicilia ha sido atribuida a Montañés por García Luque, quien también descarta la autoría de Cano sobre la Santa Teresa de Jesús, poniéndola en relación con Francisco de Ocampo. Todo ello en: GARCÍA LUQUE, Manuel. “Alonso Cano escultor. Una nueva visión de un viejo problema” en: GILA MEDINA, Lázaro y HERRERA GARCÍA Francisco Javier (coords.). El triunfo del barroco en la escultura andaluza e hispanoamericana. Granada: Universidad de Granada, 2018, pp. 22-24.

[6] MALO LARA, Lina. Op. cit., pp. 144-148.

[7] PONZ, Antonio. Viage de España. Tomo IX. Madrid: Viuda de Ibarra, Hijos y Compañía, 1786, pp. 104-105.

[8] GONZÁLEZ DE LEÓN, Félix. Noticia artística, histórica y curiosa de todos los edificios públicos, sagrados y profanos de esta muy noble, muy leal, muy heroica é invicta Ciudad de Sevilla. Sevilla: Imprenta de D. José Hidalgo y Compañía, 1844, p. 166.

[9] Ibídem, p. 198.

[10] 1 Reyes 18: 20-40.

[11] MORENO CUADRO, Fernando. “Génesis iconográfica del «San Elías» de Pedro de Mena de la Catedral de Granada”, Cuadernos de Arte de la Universidad de Granada, 2009, nº 40, pp. 179-192.





martes, 21 de junio de 2022

Moradas para una estirpe: la familia Ponce de León en Jerez de la Frontera


Publicado en: 

BAREA RODRIGUEZ, M. (ed.): La huella documental de los Ponce de León en Jerez de la Frontera: El Fondo Doña Pilar Ponce de León y de las Heras X marquesa de Casinas, Universidad de Huelva, Huelva, 2022, pp. 55-99, ISBN 978-84-18984-89-1.

 

El origen de la presencia de la familia Ponce de León en Jerez hay que encuadrarlo en el conflictivo contexto de las banderías. La división de la aristocracia local en dos bandos desde el siglo XIV tendrá en la segunda mitad del XV un capítulo destacado con el apoyo de cada facción, respectivamente, a una de las dos más importantes casas nobiliarias andaluzas, los Guzmanes y los propios Ponces, enfrentadas por el control de la zona en un momento de gran debilidad de la monarquía castellana. De este modo, en 1471 se produce la toma de la ciudad por Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz, que se instala en el Alcázar e incluso construye la torre que hoy recibe su nombre en este conjunto defensivo[1]. Pese a la pacificación que supuso la visita de los Reyes Católicos a Jerez en 1477, la Casa de Arcos continuó manteniendo su influencia en ella mediante el enlace de segundones de la estirpe con hijas de destacadas familias jerezanas que se habían caracterizado por su apoyo al bando de los Ponces. Es así como un hermano del Marqués de Cádiz, Eutropio Ponce de León, contrae matrimonio con Catalina de Vera. De éste parten dos de las líneas del linaje en la ciudad, la de los Ponce de León y Trujillo, que habitarán el palacio de la calle San Blas, y la que alcanzará ya en el siglo XVIII el título de Marqués del Castillo del Valle de Sidueña, propietarios de la casa ubicada en la Cruz Vieja. Por otro lado, se produce la boda de Francisco Ponce de León, nieto del Marqués de Cádiz y hermano del primer Duque de Arcos, con María de la Cueva, cuyos descendientes vivirán en el palacio situado frente al convento de Santa María de Gracia[2].  

Gracias a una amplia investigación en los fondos Pilar Ponce de León y de Protocolos Notariales del Archivo Municipal de Jerez, este estudio aportará nuevos datos sobre la evolución a lo largo de la Edad Moderna de estos tres inmuebles, que constituyen los testimonios arquitectónicos más sobresalientes que han quedado de la presencia de esta familia en Jerez.

1. La casa de los Ponce de León en la calle San Blas

       Esta casa no ha sido hasta ahora objeto de mucha atención por parte de la historiografía. Salvando las aportaciones documentales de Aroca Vicenti sobre un aspecto muy particular de su historia, como es la capilla llamada “San Mateo el Chico”[3], todo lo que se ha publicado sobre ella son breves aproximaciones de carácter formal dentro de trabajos de mayor amplitud temática. Así, Sancho de Sopranis le dedicó algunas líneas en su estudio sobre La arquitectura jerezana en el siglo XVI de 1963, donde destaca su portada “al gusto gótico” y su patio con “arcadas renacientes, pero muy primitivas y vacilantes”, afirmando que no se conocen datos sobre su construcción[4]. En fechas más recientes, en 2004, Pomar Rodil y Mariscal Rodríguez localizan la portada en el siglo XVI, mientras que consideran su patio fechable en el XVII. Asimismo, hacen referencia al “balcón esquinero con primorosos trabajos de forja del siglo XVIII”[5]. Finalmente, en 2010 Romero Medina y Romero Bejarano sitúan la construcción de la portada “en torno a 1500” por su estrecha relación con la conservada de la antigua casa de Francisca de Trujillo en la calle Siete Revueltas[6].

       En este trabajo intentaremos reconstruir la historia del edificio. Para ello, ha sido fundamental identificar a los sucesivos propietarios del mismo durante el amplio periodo en el que se levanta y sufre sucesivas reformas y añadidos. De esta manera, además del estudio de diferentes documentos conservados en los citados fondos del Archivo Municipal de Jerez, resulta de interés la consulta de la serie de artículos titulados Los Ponce de León de Juan Moreno de Guerra, publicada entre 1912 y 1913, un trabajo que ha pasado desapercibido por los diversos autores y que aporta valiosa información sobre las ramas de los Ponce que habitaron la casa que aquí identificamos con el palacio de la calle San Blas, lo que nos permitirá además ofrecer el nombre de su más antiguo propietario conocido, el comendador Pedro de Vera[7].

       En el testamento de Pedro Esteban Ponce de León Torres, propietario del palacio a mediados del Setecientos, éste dejaba constancia de sus antepasados. Como sus séptimos abuelos por vía paterna, señala a Eutropio Ponce de León y Marina de Trujillo[8]. Ambos serían los más remotos ascendientes que habitaron la casa.

       Eutropio Ponce de León, también llamado en los documentos como Estropo, era hijo de Juan Ponce de León, segundo Conde de Arcos y hermano del célebre Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz[9]. Al otorgar testamento en 1510, afirma que a causa de su primer matrimonio con Catalina de Vera, pasó a poseer la vivienda de su suegro, el comendador Pedro de Vera. En este sentido, nos dice que tras la muerte de este último, Catalina heredó “las casas de mi morada que son en la collasión de san Mateos”. Más adelante afirma también que “confieso que el comendador Pedro de Vera mi suegro me debía noventa mil maravedís los quales confiesa en su testamento y mandó en él que yo los ubiese en las dichas casas del dicho de Pedro de Vera de su morada que son las casas en que yo el dicho don Estropo oy moro”[10].

       El origen de este edificio pensamos que hay que situarlo, por tanto, en el último cuarto del siglo XV. Por aquel tiempo habitaba en él el citado Pedro de Vera, apodado “El Bermejo”. Se trata de un personaje que hay que evitar identificar con el Pedro de Vera conquistador y gobernador de Canarias, confusión en la que se llegó a caer en siglos posteriores y que dio pie a un pleito entre los descendientes de uno y otro sobre el patronato de la capilla mayor del convento de Santo Domingo, fundación del gobernador[11]. Sancho de Sopranis se refiere a “El Bermejo” como un personaje relevante dentro de la Jerez del momento[12]. Es por ello que Vera tuvo que construirse una morada a la altura de su status, algo que parece reflejarse en la sobria pero monumental portada de acceso a la misma. En su testamento, fechado el 28 de enero de 1479[13], no se aporta ningún dato sobre la construcción de su casa. No obstante, resulta sugestivo que entre los testigos de la escritura aparezca un “Antón Rodrigues albañí”, identificable con el homónimo maestro que llegaría a ser “alcalde de los alarifes” de la ciudad. Perteneciente a la familia de los Rodríguez, que parece protagonizar la arquitectura jerezana de la segunda mitad del siglo XV, era, de hecho, sobrino de Alfonso Rodríguez, del que se piensa que recibe el citado cargo tras la marcha de éste para dirigir las obras de la Catedral de Sevilla[14]. No parece, por ello, extraño que los Rodríguez estuvieran detrás de construcciones domésticas como esta, aunque por ahora sea arriesgada cualquier atribución al respecto.

1. Portada de la casa de la calle San Blas


       Respecto a la portada (ilustración 1), que sería el único elemento identificable con esta etapa medieval de la casa, ya se dijo que se ha puesto en relación con la de la antigua casa de Francisca de Trujillo, sobre la que se funda el convento de Santa María de Gracia en 1526 y que, a su vez, fue morada de sus padres, Diego de Trujillo y Catalina Alonso[15]. De igual manera, se observan grandes similitudes con la portada de la llamada Torre de Riquelme, único resto conservado la antigua casa de Juan Riquel “El Viejo”, salvando lógicamente las transformaciones renacentistas que se observan en ella[16]. Situada muy cerca de nuestro edificio, habría que recordar que sus dueños, los Riquel, fueron también parte destacada del bando de los Ponce en la ciudad, por lo que la relación entre ambas familias debió de ser estrecha, hasta tal punto que con posterioridad se establecerán lazos entre ellas, lo que ayudaría a justificar el empleo de unos mismos arquitectos para sus respectivas viviendas. En este sentido, y volviendo al testamento de Eutropio Ponce de León, éste nos cuenta que casó en 1510 a su hijo Francisco con Isabel Riquel, hija de Pedro Riquel y nieta de Juan Riquel “El Viejo”[17].

       Por otro lado, y continuando con la evolución histórica del palacio, es importante destacar que en su última voluntad Eutropio Ponce de León deja unas curiosas condiciones sobre la transmisión de la propiedad a sus hijos. De manera particular, menciona a Rodrigo, del que dice que, si quisiera quedarse con ella, debería traer “a colasión e partisión todos los vienes que de mí tiene resevidos con los otros mis hijos y nietos y herederos e la tome con tal cargo e condisión que las otras lexítimas partes que con los otros sus hermanos y mis herederos les cupiere de más de las dichas casas se los pague yendo apresiadas por buenas personas […] y si las dichas casas no las quisiere las aya qualquiera de los otros mis hijos y herederos en la forma susodicha”[18].

       Aunque la evolución familiar posterior resulta bastante alambicada, y hasta contradictoria[19], sabemos que la casa terminará siendo propiedad de la rama de los Ponce de León y Trujillo. Pero, con anterioridad, los dueños fueron el citado Rodrigo Ponce de León y su esposa, llamada también Catalina de Vera. Es ésta quien por su testamento cerrado de 18 de diciembre 1558 funda un vínculo sobre la casa a favor de uno de los nietos de sus cuñados Constanza Ponce de León y Cristóbal de Trujillo, que terminará recibiendo igualmente el nombre de Rodrigo Ponce de León. Tras la muerte de esta Catalina de Vera, éste toma posesión del edificio a través de su padre Juan Ponce de Trujillo el 30 de diciembre de 1559[20].

       Las siguientes noticias, ya en las últimas décadas del Quinientos, aparecen relacionadas con el pleito por la posesión de la capilla mayor del convento de Santo Domingo. En el referido testamento de Catalina de Vera ésta impuso un tributo sobre la casa a favor del monasterio para reparos de la dicha capilla. En 1586 el heredero del vínculo, el citado Rodrigo Ponce de León, otorga una escritura en la que, al liberar dicho tributo, expresa su propiedad sobre el enterramiento de esta capilla. Esto despertó las suspicacias de los descendientes del gobernador Pedro de Vera, fundador del patronato de esta capilla, rechazando los derechos de Rodrigo al mismo e iniciando un pleito contra él en 1593. Con todo, lo que nos interesa de esta documentación es que en la mencionada escritura de 1586 se llega a decir que “las dichas cassas del dicho vínculo están maltratadas e casi todas caydas e fechas solar e por esta causa de muchos años y tiempo a esta parte no se an avitado ni abitan”[21]. Algo que puede justificar que del primitivo edificio medieval apenas queden hoy restos, exceptuando su portada gótica.

       Sin embargo, durante las siguientes décadas la casa estaba habitada por lo que presumiblemente pudieron llevarse a cabo algunas obras. De este modo, el 17 de abril de 1640 la viuda de Rodrigo Ponce de León, Elvira Ponce de León, dona la casa a su nieta Ana Ponce de León. Esta donación de un inmueble vinculado será considerada ilegítima por Juan Ponce de León y Trujillo, sobrino de Rodrigo, que inició otro pleito en 1651 para defender sus derechos sobre el vínculo de Catalina de Vera y, por consiguiente, sobre la propiedad del edificio[22]. El litigio fue continuado por su hijo Francisco Ponce de León y Trujillo, un personaje que, como veremos, es también clave para la historia de la casa de los Ponce en la Cruz Vieja, donde figura viviendo en un primer momento con motivo de su enlace con Leonor Luisa Lorenzo de Fuentes. El testamento de Francisco, fechado el 19 de julio de 1679, aunque protocolizado tras su muerte en 1688, nos informa sobre el modo en que finalmente pasó a sus manos la vivienda situada “serca de la plasa del Mercado”:

“y después la dicha doña Ana Ponce de León estando este pleito en estado de sentencia tubo por vien de me haser donassión de dichas cassas y derecho que a ellas thenía desde luego para en fin de sus días por escriptura ante el dicho Gomes de Truxillo en veinte y seis de agosto de mil y seissientos y sesenta y uno. Y aunque yo açeté dicha escriptura fue por evitar el pleito”[23].

En la escritura que otorga Ana Ponce de León a favor de Francisco Ponce de León y Trujillo aclaran que la donación se refiere a “todo el quarto de casas que abitamos que es la puerta principal, casa puerta, primero y segundo patios, con todos los aposentos salas altas y baxas que están dentro, reservándose “abitación y uso frutto de ellas por todos los días de las vidas” de la otorgante y su esposo, Andrés de Quirós. Por otro lado, por parte de Ana Ponce de León se justifica esta cesión “por ser como es mi primo segundo y por munchas buenas obras resevidas para el socorro de nuestras necesidades y enfermedades y otras que esperamos resivir”, lo que permite suponer una precaria situación económica que tal vez se habría dejado sentir en el propio edificio. De hecho, en el mismo documento se puntualiza que quedaba otra parte de la casa fuera de esta donación, ya que había sido dada a censo a una tal Beatriz de Piña[24]. 

El testamento de Francisco Ponce de León y Trujillo aporta de igual manera una información de gran valor para la historia constructiva de la casa al afirmar que:

“después que poseo dichas cassas e reformado el molino de azeite que havía en ellas y e labrado la mayor parte de ellas los quales dichos gastos, como labrados y mejorados en cassa vinculada en que bibieron y an bibido mis antepassados más de dosientos años, queda todo vinculado”[25].

Por tanto, habría que situar a partir de 1661 y con anterioridad a 1679 la gran reforma que sufre el edificio y que le otorgó en gran medida su aspecto actual. Ello es palpable de manera especial en el patio, que ya había sido fechado en ese siglo, y en la fachada a la calle San Ildefonso. En ambas zonas los sencillos enmarques con orejetas de los vanos superiores resultan, en este sentido, típicos de la arquitectura local de la época.

Pero Francisco Ponce de León y Trujillo no se contentó con una reforma integral de la vieja vivienda de Pedro de Vera “El Bermejo”. También plantea una ampliación a través de la compra de inmuebles anexos. En su citado testamento alude a la compra a Pedro de Gallegos el 15 de marzo de 1667 de “unas cassas chicas junto a dichas mis cassas principales” y puntualiza que “estas cassas están yncorporadas y unidas con dichas mis cassas principales, que las compré con ese yntento”[26]. Cuando en 1681 se hace el inventario y partición de los bienes quedados por la muerte de su segunda esposa se aclara que este inmueble “se agregó a el molino de asseite y se hiso cocheras en ellas”[27].

En la correspondiente escritura de venta de esta casa se constata que Francisco Ponce de León y Trujillo aún vivía en la Cruz Vieja por esa fecha[28]. El traslado se produce en fechas cercanas a su segundo matrimonio, con Leonor Luisa Núñez de Prado. Desde, al menos, 1673 lo encontramos ya como vecino de la collación de San Mateo, “junto a la plaça del Mercado”[29].

En su reiterado testamento hace referencia a “unas casas vodegas y almasenes en la plaza del Mercado que yo e labrado” y que adquiere en 1676[30]. En el inventario de bienes por la muerte de Leonor Luisa Núñez de Prado también se mencionan estas bodegas y almacenes “que están en la plaza del Mercado y serco de las cassas principales”[31]. Creemos que se corresponden con el edificio que aún persiste anexo al palacio, justo a la entrada a la calle San Blas. Llama la atención que dentro de él el inventario recoja 200 arrobas de lana y 200 cascos de bota con 1500 arrobas de vino “de todos géneros y parte de él binagre”[32].  

       En el inventario de bienes realizado el 4 de diciembre de 1730 tras el fallecimiento de su hijo Juan Ponce de León y Trujillo se citan “las cassas, bodegas, almasenes, assesorias y estancia plasa del Mercado y calle de las Cavesas”. Después de la correspondiente partición este conjunto pasa a ser propiedad de la hija de Juan, Leonor Ponce de León[33].

       Francisco Ponce de León y Torres, hijo y hermano, respectivamente, de los anteriores, continuaría con la adhesión de nuevos inmuebles. Al testar hace alusión a la compra el 20 de mayo de 1733 de “unas casas de Sebastián Guerra y Doña Juana de Torres Durán su muger que fueron ataonas en la plaza de el Mercado las quales yo e labrado y mejorado y lindan con mi molino de azeite que está dentro de las casas de mi morada y por otro lado con casas de Doña Leonor Ponce de León  mi hermana […] y es mi voluntad […] queden vinculadas para siempre jamás agregadas a las casas de mi morada y anden siempre juntas”[34].

       En el testamento de su hijo, el ya referido Pedro Esteban Ponce de León, que se fecha en 1753 y que otorga su viuda, se menciona que “la casa que havía sido de Blas Guerra linde de las principales plaza del Mercado havía sido voluntad de el dicho señor don Francisco Ponce Torres su padre que todo quedase unido con los vienes que dicho mi marido poseía con el gravamen de haber de dar quartos decentes para su avitasión a las señoras doña Elvira y doña María Ponce de León y Auñon hermanas hijas del dicho señor”[35].

       Suponemos que esta casa, resultado de las referidas adquisiciones anteriores, puede identificarse con el actual número 1 de la plaza del Mercado, inmueble, hoy lamentablemente ruinoso, que puede situarse en esa época, como demuestra su deteriorada portada, con la típica moldura mixtilínea dieciochesca.

        Posiblemente de fechas no muy lejanas sea el vistoso balcón de la esquina entre calle San Blas y San Ildefonso, aunque no han aparecido referencias documentales explícitas al mismo. No obstante, la intervención más llamativa que sufre el viejo edificio en el Setecientos será, sin duda, la adaptación de una parte de este como parroquia provisional tras el terremoto de Lisboa de 1755 y la consecuente ruina y posterior reconstrucción de la iglesia de San Mateo. A la muerte de Pedro Esteban Ponce de León, su viuda Catalina Ponce de León contrae matrimonio con Luis Ponce de León Morla y Cerda, quedando su suegro, y padre de este último, Francisco Ponce de León y de la Cerda, como tutor de la hija de Pedro y Catalina, Hipólita, heredera y propietaria de la casa. Padre e hijo, pertenecientes a la línea de los Marqueses del Castillo del Valle, serán los responsables de las obras necesarias para la apertura de esta capilla. Sobre todo ello se hacen eco diversos documentos y una lápida conservada en el jardín de la vivienda. De esta manera, se habilitaría una sala para templo y otras estancias para “capilla del sagrario y pila bautismal con los agregados de sachristía y quartos para asistencia de los ministros precisos de la yglecia”. Por parte de los Ponce se corrió con “todos los gastos que se hizieron en la fábrica de la portada, campana y adornos de esta capilla”, además de los costes ocasionados por la esplendorosa inauguración[36]. Esta portada, abierta a la calle San Ildefonso y que daría acceso directo a esta parroquia provisional por el jardín o patio trasero de la casa, es el único elemento arquitectónico que parece perdurar del conocido como “San Mateo el Chico”. Es un curioso ejemplar decorado con la característica moldura mixtilínea del momento y una serie de motivos figurativos, como temas eucarísticos y pasionistas, y que incorpora una espadaña en su remate (ilustración 2).


2. Fachada lateral de la casa de la calle San Blas


       La capilla fue inaugurada con gran solemnidad y brillantez el 15 de febrero de 1756 y continuó al culto público tras la vuelta de la parroquia a su sede en 1758. De este modo, en agradecimiento por las “considerables cantidades” invertidas en ella, el cardenal arzobispo de Sevilla, atendiendo a la petición que hizo Francisco Ponce de León, como tutor de Hipólita Ponce de León, dio licencia el 2 de junio de 1758 para erigir en su casa “oratorio público, en que pueda celebrarse el Santo Sacrificio de la misa, y en los días de fiesta se haga a la hora de las doze, lo que será de gran beneficio a la vecindad por no haberla en dicha parroquia y padecer los feligreses desconsuelo”. Se permite además que Hipólita y sus sucesores “puedan tener y fabricar la tribuna o tribunas que dispusiesen” y “derecho de Patronato, con toda su estención y facultades, y la de poder erigir y nombrar capellán”[37]. 

       La que pasaría a llamarse capilla de San José nos consta que siguió abierta hasta mediados del siglo XIX, conservándose documentación de las sucesivas prórrogas de licencia de uso dadas por el arzobispado hispalense desde 1774 a 1849[38].


2. La casa de los Ponce de León frente a Santa María de Gracia

De los tres inmuebles que tratamos en este estudio, es este el que ha despertado más atención por parte de los historiadores del arte, desde los primeros acercamientos formales de Sancho de Sopranis en los años treinta del pasado siglo XX hasta las más recientes aportaciones de las últimas décadas, entre las que destaca el artículo monográfico de Romero Bejarano publicado en 2016[39].

       Se trata de una construcción muy heterogénea, algo que queda patente tanto en la planta como en los alzados. A lo largo de los siglos ha sufrido diversas transformaciones, parte de las cuales serán estudiadas en este trabajo partiendo de documentación inédita. Estas reformas fueron borrando o enmascarando la edificación primitiva bajomedieval. En este sentido, aunque se ha sugerido la posibilidad de un origen islámico[40], si damos por válida la información aportada por Fray Esteban Rallón, habría que suponer que el inmueble inicial se levantó por iniciativa real[41]. De este modo, dicho autor afirma que con motivo de la estancia del rey Enrique IV en la ciudad en 1456 “fabricó las casas de su habitación en la parroquia de San Lucas, enfrente del convento de las Monjas de Gracia, de que después hizo merced á Esteban de Villacreces” e incluso añade que desde este edificio construyó “pasadizo a la misma parroquia”[42]. También Rallón nos dice que el referido monarca en 1464 le hizo donación a Esteban de Villacreces de estas “casas reales que fuera de el Alcázar tenía en esta Ciudad”[43]. En ello insiste Bartolomé Gutiérrez, quien explica que esta merced real se relaciona con la concordia entre Villacreces y su cuñado Beltrán de la Cueva por la disputa de la propiedad de Jimena, aclarando que las casas eran las “de enfrente de García de Jerez que fueron de su Real aposentamiento”[44].

       En su testamento, fechado el 7 de junio de 1502, Esteban de Villacreces informa de que todos sus bienes fueron adquiridos durante su matrimonio con Leonor de la Cueva. Incluye en ellos “las casas de mi morada que son en la collación de Sant Lucas de esta dicha Ciudad todas como agora están” y que lega a su hijo Francisco[45].

       Puede considerarse que el núcleo más antiguo del palacio lo constituye la zona donde se ubica el patio principal. Orientadas cada una de sus cuatro esquinas a los cuatro puntos cardinales, en el lado sureste, que forma la actual fachada lateral a la calle Sor Ángela de la Cruz, se observan dos torres que han llamado la atención de algunos autores[46]. Aunque su aspecto parece alterado y, quizás por ello, sobresalen escasamente ahora en altura de dicha fachada, serían vestigios de un edificio fortificado, algo comprensible tanto si llegó a ser residencia real, como en el caso confirmado de su condición de residencia de un personaje destacado de Jerez en la violenta época de las banderías[47]. Tras el actual enlucido se adivina un potente muro de cantería y algunos arcos hoy cegados. Volveremos más adelante a mencionar estas torres, que serán llamadas en la documentación del siglo XVI con la denominación de “tirasoles”.

       Fue precisamente la vinculación de los Villacreces con el bando de los Ponce de León lo que termina desembocando en un enlace de una nieta de Esteban de Villacreces con un miembro de aquella poderosa familia. En efecto, Juana de Villavicencio, hija de Francisco de Villacreces y de la Cueva y de Luisa de Villavicencio Zurita, contraerá matrimonio con Francisco Ponce de León. Tras la prematura muerte de Juana en 1522, se concierta un nuevo enlace entre Francisco Ponce de León y María de la Cueva, prima de la anterior[48].

       Las noticias más tempranas sobre la existencia de obras en la casa se encuentran en la fundación de un vínculo sobre ella por parte de Luisa de Villavicencio en 1519. En la escritura se asegura, sin dar mayores detalles, que, tras la muerte de su marido en 1511, había hecho gastos "en edificios y reparos" dentro de la vivienda[49].

3. Ventanal esquinado de la casa frente al convento de Santa María de Gracia


       La llegada de Francisco Ponce de León a la casa supuso que se iniciara una reforma para adaptarla a los gustos renacentistas, a imitación, posiblemente, de sus parientes los Enríquez de Ribera, pioneros en la implantación de la nueva estética en Sevilla, ya que debemos resaltar que Francisco era cuñado de Perafán de Ribera, Marqués de Tarifa[50]. Sobre estas obras contamos con la valiosa información aportada por Romero Bejarano que demuestra que por iniciativa del referido caballero se llevan a cabo diversos trabajos entre los años 1536 y 1537. Con total seguridad, se hace el célebre ventanal esquinado (ilustración 3) y una serie de estancias en torno a él. De este modo, hay constancia en 1536 de ciertos contratos de compra y transporte de piedra con destino tanto al interior como al exterior del edificio. Para ello, se acude a dos canteras diferentes, la de la sierra de San Cristóbal y la de Martelilla. De la primera se trae sillares para la construcción de arcos, según interpreta Romero Bejarano[51]. De la segunda, cuya piedra era de mayor calidad, se sabe con exactitud que el destino fue la referida ventana y ocho columnas, estando probado también el hecho de que las obras estaban a cargo entonces del arquitecto Fernando Álvarez[52]. Todo estaría concluido en 1537, año que está inscrito en el propio ventanal y en el que además se concierta con el pintor Alonso Sánchez la ornamentación pictórica “de obra romana” que se aplicó a paredes interiores sobre la ventana, “el enmaderado” encima de la misma y un entresuelo situado debajo, en la “escalera por donde suben a lo nuevo”. Así, se crearon una serie de estancias de marcado carácter suntuoso pues se especifica que se haría un amplio uso del oro en estas decoraciones[53].

       Más controvertidas son las interpretaciones sobre la cronología del patio, cuyo lenguaje formal resulta más arcaizante y su ejecución más tosca respecto al ventanal. Estas circunstancias fueron advertidas ya por Sancho de Sopranis, quien además vio dos fases dentro de la construcción de las dos arcadas. La orientada al suroeste sería la más antigua, mostrando como elementos diferenciadores más evidentes los baquetones helicoidales, sobre unos ábacos que son también más goticistas, así como los escudos esculpidos sobre los capiteles de las columnas, donde no figura el blasón de los Ponce de León.  Para este historiador, esta galería habría que situarla entre 1502, año en el que entra en posesión de la casa el matrimonio de Francisco Villacreces y Luisa de Villavicencio Zurita, pues aparece ya el escudo de ésta, y no antes de 1528, cuando era una realidad la unión entre Francisco Ponce de León y María de la Cueva[54]. Como ha afirmado Romero Bejarano, esta explicación resulta un tanto contradictoria, ya que no se tiene en cuenta que el escudo de los Ponce pudo estar ya presente en el patio con motivo del enlace anterior de Francisco con Juana de Villavicencio. En cualquier caso, sí hay que admitir que en la segunda galería, la noroeste, repitiendo el diseño general de la anterior, se observa una tímida evolución, con incorporación de elementos decorativos renacentistas, aún plasmados con tosquedad, eliminándose los baquetones helicoidales, además de aparecer en las columnas ya la heráldica de los Ponce de León.

       Por tanto, la teoría de Sancho de Sopranis, aunque confusa y matizable, permite suponer dos fases constructivas, tal vez no excesivamente separadas en el tiempo, y sobre todo puede justificar que al menos el comienzo de este patio se efectúe con anterioridad y por diferentes manos respecto a la ventana esquinada, en la cual coincidimos con Sancho en que interviene un escultor “muy superior” y más avanzado que los más modestos canteros que trabajan en el patio, si bien la atribución que hace del ventanal a Cristóbal Voisin puede juzgarse un tanto gratuita[55].

       Por su parte, para Romero Bejarano, patio y ventanal se hacen a la vez y bajo una misma dirección, la de Fernando Álvarez. En este sentido, interpreta que parte de la piedra comprada en 1536 estuvo destinada al patio[56]. No obstante, hay que advertir en relación a las columnas, que ni el número ni el material, piedra martelilla, se corresponden con las que hoy ostenta el patio. No podemos descartar tampoco que parte de la piedra a la que aluden los contratos fuera destinada a otras estancias de la casa en torno a la ventana esquinada, que ya dijimos que se levantaron en este momento. En este sentido, habría que preguntarse si es posible relacionar las obras citadas por Luisa de Villavicencio en 1519 con el patio o, al menos, con una primera fase del mismo, hipótesis que creemos que merece ser valorada.

       La reforma renacentista ideada por Francisco Ponce de León quedó lamentablemente inconclusa. Esto es patente tanto en la abrupta interrupción de las arcadas del patio para la continuación de las dos galerías restantes, como en la fachada a la calle Juana de Dios Lacoste, en cuyo segundo cuerpo se observan los enjarjes de los sillares dispuestos para la prolongación del muro. La causa de esta interrupción parece estar en las discrepancias entre Ponce de León y su suegra, Luisa de Villavicencio, la cual seguía siendo la propietaria de la casa. Las desavenencias estuvieron relacionadas con el crecido costo que alcanzaron las obras, algo que queda de manifiesto de manera llamativa en el testamento de ésta, otorgado el 13 de mayo de 1546[57].

       En esta última voluntad Luisa de Villavicencio fundaba otro vínculo sobre las casas de su morada a favor de Luis de Villavicencio, hijo de Francisco Ponce de León y de su sobrina María de Villavicencio, ya por entonces también difunta. Se especifica en el documento que en ese momento el inmueble tenía “por linderos de la una parte casas que fueron de Manuel de Carmona cambiador que Dios aya e ahora son de su mujer e hijos e por las otras partes las calles reales”[58], lo que demuestra que ya por entonces ocupaba el palacio buena parte de la manzana en el que se inserta y que veremos que ocupará en su totalidad a partir del siglo XVIII. Pero lo que más nos interesa ahora es la alusión al hecho de que tras la boda de Francisco Ponce de León y María de Villavicencio aquél había “labrado e edificado en las casas de mi morada que vinculé e metí en el dicho mi mayorazgo. Estas espresas y gastos que en la casa a fecho a sido de mayor número e cantidad e más eçesibos que yo quisiera, solo por la voluntad del señor don Francisco”[59]. Y más adelante establece que

“todos los demás gastos que en las dichas casas a fecho o hiziere aquellos los aya e suceda en ellos el sucesor e llamado a mi mayorazgo en el caso contenido en esta claúsula sin le satisfacer ni pagar al dicho señor don Francisco ni a sus herederos cosa alguna porque quiero que se compense los gastos de la dicha casa con las rentas que el dicho señor don Francisco avrá llevado deste mi mayorazgo e bienes vinculados de los quales yo le pudiera justamente privar e deponer de ellos también. Como está dicho, aquellos gastos están fechos por voluntad del dicho señor don Francisco, más que por la mía e tiene muncho e passó de lo que yo quisiera que en ellos se hiziera e gastara”[60].

Pero además de la insistencia en este reproche, Luisa de Villavicencio decide dar una serie de indicaciones al sucesor de su mayorazgo en relación a posibles futuras obras en la casa:

“a tener e sostener las dichas casas deste mi mayorazgo que en él se declara tratándolas e reparándolas bien por manera que antes vaya a más e no vengan a menos e no edificando sobre los edificios viejos otros edificios que sean más que tejado, especialmente en la sala que está par de los tirasoles. Y que si otro edificio sobre la dicha sala se quisiere hazer, que sean más que tejado sin pilares”[61].

       Al parecer, la expresión “tirasoles” parece aludir a las torres antes citadas[62], siendo significativo que se las sitúe en lo que llama “edificios viejos”, lo que viene a justificar su origen medieval.

       El testamento de Francisco Ponce de León, fechado en 1554, no aporta más información sobre la casa. Sin embargo, entre los datos que podemos resaltar de este documento está el nombramiento entre sus albaceas del comendador Pedro de Benavente Cabeza de Vaca[63]. Se trata de otro personaje destacado de la Jerez de la época y promotor de otra reforma renacentista sobre un edificio de origen medieval, el Palacio de Camporreal, en el que se creó un complejo programa iconográfico humanista en su patio, comparable al del ventanal de Ponce de León. No es extraño que Francisco Ponce de León llegara a tener una estrecha relación de parentesco con el comendador puesto que concertó el matrimonio de sus hijos Luis y Francisca con sendos vástagos de Benavente[64]. Se trata de una circunstancia interesante por el posible intercambio de ideas intelectuales y estéticas que pudo existir entre los dos patricios[65]. Ambos compartieron, de hecho, una similar concepción espiritual, de cierto sentido erasmista, como se observa en la prohibición que Ponce y Benavente hacen en sus respectivos testamentos de que se llevara luto por su fallecimiento[66]. Un rechazo de la vanidad y un sentido positivo de la muerte que habrían de quedar plasmados, precisamente, en la inscripción de la ventana esquinada de nuestro palacio: “VANITAS VANITATUM ET OMNIA VANITAS. OMNIA PRETEREUNT PRETER AMARE DEUM”[67].

       Tras fallecer sin descendencia Luis, la sucesión del mayorazgo recayó en su hermano Nuño, que sabemos que dicta su última voluntad en 1599[68]. No hay constancia de que ninguno de ellos prosiguiera con la renovación emprendida por su padre sobre la vieja construcción de origen medieval. Habrá que esperar a la primera mitad del siglo XVII para que se acometan importantes obras en la casa. Por entonces habitaban en ella el hijo y sucesor de Nuño Ponce de León, también llamado Luis, y su nieto Francisco Jerónimo. El testamento de Francisco Jerónimo Ponce de León, otorgado en 1643, nos va a aportar una valiosa información al respecto:

“declaro que deseando reparar y aumentar las casas principales del mayorazgo que posee Don Luis Ponce de León mi señor y mi padre, como inmediato susesor en ellas y sus mayorazgos, por estar deterioradas y amensando gran ruina gasté así en el reparo del cuerpo principal, que se venía a pique, como acrecentando el cuerpo de la casapuerta alto y baxo, rexas, puertas y ventanas y los aposentos del primer patio y almasén que está sobre ellos, como el de aseite que está en el patio, del poso del servisio de las mujeres, mass cantidad de seis mil ducados que todos pasaron y se destribuyeron por mano del dicho Don Luis Ponce de León, mi señor y mi padre, de mi caudal propio en aumento y reparo presiso de las dichas casas”[69].

Del texto anterior podemos concluir que la iniciativa y la financiación de la obra partieron del citado Francisco Jerónimo, aunque fuese ejecutada por su padre, quien, por cierto, le sobrevivió. Se trataba, además, de una reparación del que denomina “cuerpo principal”, que identificamos con la zona ya intervenida de manera parcial por Francisco Ponce de León. Pero, por otro lado, se habla de acrecentar “el cuerpo de la casapuerta alto y baxo”, expresión que hay que suponer que hace alusión a la zona de acceso al edificio, donde se sitúa la portada. Esta parte del palacio parece efectivamente un añadido y responde, con claridad, en su fachada a la estética de la primera mitad del siglo XVII, debiéndose fechar a partir de ahora antes de 1643.

Así lo manifiesta la referida portada que sigue esquemas propios de esa época. De dos cuerpos, la puerta de entrada se encuentra enmarcada por una moldura de las denominadas de orejetas. A cada lado de la misma hay una pilastra dórica sobre la que se asienta un fragmento de entablamento. Encima, un nuevo friso con ménsulas de tradición manierista, que son empleadas con similares diseños en edificios de la zona en este momento, como vemos en Jerez en la obra de los hermanos Domingo Fernández Calafate y Antón Martín Calafate[70]. El segundo cuerpo corresponde con el balcón, que sigue parecida sobriedad. El vano se rodea por una geométrica ornamentación moldurada a base de círculos y se remata por un frontón curvo partido en tres partes, que es el elemento de mayor dinamismo del conjunto (ilustración 4).

4. Portada de la casa frente al convento de Santa María de Gracia


       Manuel Ponce de León Villavicencio, hijo de Francisco Jerónimo, se caracterizó por su religiosidad. Eso se deja sentir en el propio edificio, al que le incorpora un oratorio privado. Esto lo manifiesta en su testamento, fechado el 22 de noviembre de 1689 y en el que establece la agregación “por vía de vínculo a las casas principales de mi morada el oratorio que en ellas e fecho y labrado y todas las piesas alaxas que en él están”[71]. Un oratorio donde, por cierto, pide que se conserve, estableciendo además que quede vinculada a la casa, “una lámina pequeña de cobre con la efixie del santo excehomo la qual era de soror Theresa de Jesús María, Relijiossa y fundadora que fue del convento de nuestra señora de la Merced Descalsa en la ciudad de Arcos de la Frontera, mi tía, hermana lexítima de Don Francisco Gerónimo Ponce de León, cavallero del horden de Calatrava, mi padre”[72]. La necesidad de conservar con la debida veneración esta milagrosa pintura, con la que asegura que tuvo diálogos místicos esta monja, se convirtió quizás en una motivación para habilitar este oratorio. Un espacio donde Manuel Ponce de León manda que una vez fallecido a su “cuerpo presente se digan […] todas las missas que se pudieren selebrar”[73].

       A mediados del siguiente siglo tenemos referencia a una ampliación del palacio mediante la cual los Ponce debieron de hacerse con la totalidad de la manzana donde este se ubica, quedando separado por calles de las casas aledañas por todos sus lados. Así, el 20 de junio de 1757 Francisco Antonio Ponce de León y de la Cueva, hijo de Manuel Ponce de León Villavicencio, compra una casa colindante con la suya “en el sitio que nombran el Baño Viejo” y que “hacen esquina con la calle real”[74]. Esta anexión corresponde con la actual parte trasera del inmueble, que sufrirá una profunda remodelación décadas más tarde, como vamos a ver seguidamente.

       Años antes de finalizar el siglo XVIII la situación del edificio parece que era deficiente en algunas de sus partes lo que obligó a su entonces propietario, Manuel del Calvario Ponce de León y Zurita, nieto del anterior, a abordar unas obras que vinieron a reedificar algunas dependencias de la casa, así como a reformar la fachada principal. En este caso sí tenemos la suerte de contar con el nombre del arquitecto que acomete las obras. El elegido para esta reforma fue José de Vargas[75].

       El 16 de marzo de 1796 se firma escritura de imposición de tributo otorgada por Manuel del Calvario Ponce de León y Zurita y el procurador José Roldán, como curador ad litem de su hijo menor e inmediato sucesor de sus vínculos, Manuel Ponce de León. En este documento se manifiesta, en primer lugar, que el 22 de abril de 1795 fue presentado en el juzgado del corregidor de la ciudad un pedimento por el que se indicaba que Manuel del Calvario Ponce de León era poseedor de dos vínculos. Por un lado, el fundado por Francisco Ponce de León y su mujer María Enríquez de Silva, del que existía una cantidad disponible de 89352 reales que pertenecía al mismo, y, por otra parte, el fundado por Luisa de Villavicencio sobre las casas principales de su morada, que ya conocemos. El documento específica que en estas casas

“se necesitan sacar de simientos las cavallerisas antiguas, las cocheras y una de las salas principales, que bisiblemente amenasaban ruina; cuio reparo no admitía la menor dilasión; y para su costo, y el de otras piesas que forsosamente habían de sentir movimiento con la obra de las antedichas, como tamvién para el de su cuerpo alto ensima de dichas cocheras, indispensables para el principal servisio de la casa, paresía preciso, regular y muy conveniente […] que aquella cantidad se imbirtiera en este objeto ”.

       De este modo, se solicita la declaración de una serie de testigos que informaran de la necesidad de la obra y de su conveniencia para ambos vínculos, además del nombramiento de un perito para valorar el costo de los trabajos[76].

       Así, el 23 de abril de 1795 se suceden declaraciones de una serie de albañiles, Pedro de Soto, Manuel de Vargas y Vicente de Soto, los cuales inciden en la necesidad de emprender la obra con cierta prontitud para evitar mayores daños[77]. Al día siguiente se produce la testificación de José de Vargas, quien asegura que las casas estaban “la mayor parte de ellas ruinosas y deterioradas, siendo por ello indispensable hacer una obra de consideración en ellas”, que valora en más de 100000 reales[78].

       Concedida la preceptiva licencia del corregidor, fueron ejecutadas “las obras y reparos pretendidos con intervención del arquitecto Don Josef de Vargas, invirtiendo en ellas la cantidad depositada, y mucho más”. El documento incluye unas cuentas muy detalladas. Por ellas sabemos que los trabajos duraron 181 días, desde el 7 de abril al 14 de octubre de 1795[79]. El costo ascendió, finalmente, a 95801 reales y 26 maravedíes, cantidad que se distribuyó de la siguiente manera:

- Piedra: 11655 reales y 8 maravedíes.

- Cal y arena: 6246 reales y 9 maravedíes.

- Yeso: 5311 reales y 28 maravedíes.

- Canales: 1783 reales y 17 maravedíes.

- Ladrillos: 7908 reales.

- Madera: 23865 reales y 4 maravedíes.

- Clavos: 840 reales y 32 maravedíes.

- Cerrajería: 2868 reales y 3 maravedíes.

- Jornales  de albañilería y carpintería: 33438 reales.

- Utensilios para la obra: 1884 reales[80].

Cada uno de estos aspectos queda desgranado en las cuentas, aportándonos más detalles. Por ejemplo, dentro del apartado de piedra se distingue entre cantos, sillares, cantillos, basa, ripios o medios. Asimismo, se recogen el costo de los tres “pilares de piedra dura para la formación de los arcos”[81]. En cuanto a la cerrajería, se citan tres rejas para la cuadra, dos para el almacén y cuatro balconcillos[82]. Por último, en la sección dedicada a los jornales, se va desgranando los sueldos recibidos por el aparejador de la obra, los oficiales de albañilería, el maestro carpintero, sus oficiales y hasta el guarda de la obra. De ninguno de ellos se da nombres. Solo se nombra al “Maestro Arquitecto don Josef de Vargas”, el cual recibió un honorario de 1800 reales. Igualmente y para acabar, se añade aquí el valor de unos elementos singulares: “un resto de treinta y cinco y media carretadas de piedra para las cornisas, embasamentos, pedestales y encapitelado” y “quatro remates”, cuyos importes fueron de 568 y 360 reales, respectivamente[83].

       Algunos meses después de concluidas las obras se nombran a dos apreciadores, Juan Pedro Chanfredo, maestro de albañilería, y Luis Argüelles, maestro de carpintería. El 16 de febrero de 1796 declaran “haber visto una caballeriza de dos nabes para caballos de regalo; otras para ganado de labor; un pajar de tres nabes; un almasén para granos; dos salas; y dos dormitorios sobre dicho almasén, techos nuevos en las cocheras y un almasén encima de la sala principal; desbaratar los techos, hacerlos nuevo cresiendo sus paredes y a la antesala lo mismo, y un atezonado, o sielo razo con moldura por debajo; en la fachada, cornisas de piedra y remates, y un apretilado correspondiente”[84].

       La reforma tuvo, por tanto, cierta entidad, aunque afectara especialmente a partes secundarias del edificio. Es precisamente en la zona trasera que da a la antigua calle Baño Viejo (hoy Jesús de las Tres Caídas), que ya vimos que sufrió una ampliación casi cuarenta años atrás, donde pueden aún identificarse las sencillas estructuras arquitectónicas que debieron de cumplir la función de caballerizas, almacenes o cocheras, estancias que menciona el documento. Pero el elemento de mayor significación formal lo constituye el pretil que se levanta sobre la fachada que sirve de acceso principal al palacio. La potente cornisa y el antepecho, articulado por cuatro resaltes moldurados a modo de pedestales para jarrones o “remates”, aportaron a la sobria fachada levantada en la primera mitad del siglo XVII una elegante terminación al gusto neoclásico entonces vigente.

       El ilustrado Manuel del Calvario Ponce de León y Zurita, que contó en su extensa biblioteca[85] con títulos de autores vinculados a la corriente academicista, como el Marqués de Ureña o Antonio Rafael Mengs[86], vivió directamente por su condición de veinticuatro una actuación muy similar sobre las Casas Capitulares en 1789, en este caso con la agregación de una balaustrada que venía a rematar la construcción renacentista. Incluso sabemos que formó parte de una comisión para valorar un proyecto de ampliación del edificio municipal que estaba por esos mismos años precisamente a cargo de José de Vargas[87]. Recordemos que éste fue el primer arquitecto titulado por la Academia de San Fernando que ejerce en Jerez y uno de los introductores del nuevo estilo en la ciudad. Asimismo, no debemos olvidar que Vargas levanta por ese tiempo para unos parientes de Manuel del Calvario Ponce de León, los Zurita, la fachada principal del Palacio de Camporreal, que aparece coronada por un pretil que muestra grandes afinidades de diseño con el de la casa de los Ponce.  


3. La casa de los Ponce de León en la Cruz Vieja

       En 1878, en el libro Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera de Parada y Barreto, al tratar la figura de Francisco Ponce de León, apodado “El Caribe”, se afirma de éste que “tenía sus casas en Jerez, en la Cruz Vieja, y había estado casado con una hija de D. Lorenzo de Fuentes, noble y rico hacendado de aquel tiempo[88]. Pomar Rodil y Mariscal Rodríguez identifican esta vivienda con nuestro edificio y realizan el primer análisis formal del mismo, llegando a atribuir sus trazas al arquitecto Antón Martín Calafate[89]. El más reciente estudio sobre esta casa se debe a De los Ríos Martínez, que hace un acercamiento estilístico en el que se apuesta asimismo por esa autoría[90].

       La información aportada por Parada y Barreto permite reconstruir el origen del inmueble, aunque haya que advertir las incorrecciones que comete este autor en la biografía del supuesto propietario del mismo, al atribuirle ciertos hechos que en realidad se refieren a un nieto homónimo que vivió en pleno siglo XVIII, errores que ya señaló Moreno de Guerra en 1913[91].

       La cronología del edificio nos la aporta una inscripción situada en la fachada principal y que permite suponer la finalización de las obras en 1646. La iniciativa de levantarlo no partió de la estirpe que estamos estudiando, sino de los Lorenzo, cuyo escudo heráldico preside dos lugares de especial relevancia, como son el balcón sobre la puerta de entrada, el primer patio y la bóveda de la escalera principal. Merece la pena que insistamos en este asunto ya que dichas armas han sido confundidas de manera insistente con las de los Ponce. El hecho de que las heráldicas de ambos apellidos incluyan un león rampante ha dado lugar a esta confusión, pese a que existen sensibles diferencias entre ellas y pese a que de manera significativa ya en el siglo XVIII se colocó en la fachada de la casa, a un lado del escudo de los Lorenzo, el de los Ponce de León, algo innecesario y reiterativo, si ambos hubieran hecho referencia a un mismo linaje. Nos saca de dudas un manuscrito dieciochesco sobre “los caballeros del apellido Lorenzo establecidos en la ciudad de Xerez de la Frontera”. En él se afirma que “traen por escudo de sus armas un león rampante de oro sobre rojo, con una palma en las manos y sobre ondas de la mar azuladas y plata, en orla roja, 8 aspas de oro”[92], descripción que coincide con las de los blasones localizados en nuestra casa.

       Pero, como en los dos casos que hemos tratado en epígrafes anteriores, esta pasó a ser propiedad de los Ponce de León a través del matrimonio de un miembro de la familia con la hija del primer dueño documentado de la casa. En este caso, el promotor de su construcción fue Juan Lorenzo de Fuentes, suegro de un personaje que ya conocemos, Francisco Ponce de León y Trujillo.

       Por el testamento de Juan Lorenzo de Fuentes y su posterior partición de bienes, documentos fechados en 1665, sabemos que fue propietario, entre otros inmuebles, de “las casas de nuestra morada linde de casas de herederos de Pedro Franco de Gallegos y hasen esquina a la calle de Casón;  y otras casas asesorias a ella pequeña en dicha calle de Casón, asesorias a la cochera por un lado y por otro puerta falsa de las casas principales”[93].

5. Fachada principal de la casa de la Cruz Vieja


       Desafortunadamente, la documentación no aporta ninguna pista sobre la autoría de las trazas. La atribución a Antón Martín Calafate (1582-1659) se puede fundamentar tanto en argumentos cronológicos, como estilísticos. De este modo, en la fachada a la plaza de la Cruz Vieja los remates de los balcones laterales recuerdan a soluciones empleadas por el arquitecto en la sacristía del convento de Santo Domingo (1629) y la torre de la iglesia de la Victoria (1639-1642) (ilustración 5). Esta última también posee en su ático una peculiar decoración de “ajedrezado” que vuelve a repetirse en la casa, en concreto en la portada interior que sirve de comunicación entre los dos patios. No obstante, debe resaltarse que el sentido decorativo y el mayor avance hacia soluciones barrocas que se observa en el balcón central y en la vistosa bóveda que cubre la escalera contrastan con las construcciones conocidas de Martín Calafate (ilustración 6). Por otro lado, no podemos pasar por alto que la vivienda forma un conjunto unitario junto a los números 13 y 15 de la misma Cruz Vieja, concebidos con toda seguridad por un mismo tracista y levantado por unos mismos años, constituyendo “los ejemplos más monumentales de arquitectura civil del siglo XVIII” en Jerez, como se ha llegado a defender[94]. En este sentido, el propio testamento de Lorenzo de Fuentes nos informa del que suponemos que sería el promotor de la edificación de la vecina casa nº 15, Pedro Franco de Gallegos.

6. Bóveda de la escalera de la casa de la Cruz Vieja


       Por las escrituras citadas se constata que de la unión de Juan Lorenzo de Fuentes con su prima Ana Lorenzo de Fuentes tuvieron como única hija a Luisa Leonor Lorenzo de Fuentes. Ésta contrae matrimonio con el referido Francisco Ponce de León y Trujillo, firmándose las capitulaciones matrimoniales en 1652. De esta unión nacieron dos niñas, Mariana y Juana Josefa. Luisa Leonor fallece tempranamente, otorgando testamento en 1658.

       En su propio testamento Francisco Ponce de León informa que vivió en la collación de San Miguel durante 19 años[95], suponemos que desde su matrimonio en 1652 hasta, aproximadamente, 1671. Por tanto, se mantendrá viviendo en la casa tras la muerte de su mujer y su suegro, apareciendo como vecino de la Plaza de la Cruz Vieja en diversos documentos, como cuando en 1666 dona una lámpara de plata para el Cristo del Calvario[96]. No obstante, no podemos olvidar que por esos años consigue la propiedad de la casa de los Ponce en la calle San Blas, motivo por el cual terminaría mudándose a la collación de San Mateo, donde vivía ya, al menos, en 1673. Ese mismo año otorga la escritura de capitulaciones matrimoniales con motivo de la boda de su hija primogénita, Mariana Ponce de León, con Francisco Luis Ponce de León. Francisco Ponce de León y Trujillo da por dote 20000 ducados vinculados. Hay que decir que en las citadas capitulaciones matrimoniales de Luisa Leonor Lorenzo de Fuentes sus suegros, Juan y Ana Lorenzo de Fuentes, se habían obligado ya a imponer esa misma cantidad en bienes raíces para la creación de un vínculo a cuya sucesión llamaron a Luisa Leonor y a sus descendientes. Asimismo, por el testamento de Juan Lorenzo de Fuentes dejó a voluntad de su yerno la elección de esos bienes, que aún en 1665 no habían sido vinculados. Por tanto, es ahora cuando ese vínculo se materializa y para ello Francisco Ponce de León y Trujillo asigna precisamente “las cassas principales que fueron morada de los dichos señores don Juan Lorenzo y su mujer que son en la collación de San Miguel desta cuidad y plaça de la Cruz Biexa”[97].

       A partir de entonces la casa pasa a formar parte de los mayorazgos de la línea de los Marqueses del Castillo del Valle. No obstante, ni la pareja formada por Francisco Luis y Mariana Ponce de León, ni las dos generaciones posteriores que heredarían dicho vínculo, aparecen viviendo en la Cruz Vieja, sino en la collación de San Lucas, en concreto en sus “casas principales” situadas en la calle Jabonería, frente al convento de Santa María de Gracia. Así consta por los testamentos de Francisco Luis Ponce de León[98], de su hijo Luis Francisco Ponce de León[99] y de su nieto Francisco Ponce de León y Cerda. Es en la última voluntad de este último, otorgada en 1771, donde volvemos a encontrar datos de interés sobre la casa. De este modo, nos informa de que tras la ruina del inmueble anexo a la misma, ubicado en la calle Cazón y propiedad también de los Ponce, decidió agregar “el citio que ocupavan a las casas principales de este vínculo de la calle de la Cruz Vieja y quedó incorporado en ellas”[100].

       En 1805 por el testamento del hijo del anterior, Luis Ponce de León y Cerda, que sí aparece viviendo en la casa, volvemos a conocer más detalles sobre las obras acometidas por su padre en la que había pasado a ser la vivienda familiar:

“también mejoró la vinculación fabricando de simientos bodegas y almacenes con puerta a la calle de Casón, en un suelo yermo que pertenecía a el expresado vínculo, y estaba incorporado en las casas principales calle de la Cruz Vieja”[101].

       Por tanto, aunque la casa muestra, en líneas generales, cierta unidad formal, la documentación demuestra que por iniciativa de Francisco Ponce de León y Cerda se acomete una ampliación con la construcción del edificio de bodegas y almacenes levantado en la parte trasera y con sencilla fachada a la calle Cazón. En este sentido, tras estas mejoras su hijo Luis Ponce de León y Cerda decide trasladar la residencia familiar a ella. No contamos con una cronología exacta para estas obras pero ya se habrían acometido en 1771. A estos años, hacia el tercer cuarto del Setecientos, corresponderían los dos escudos labrados en piedra que se colocan en los laterales del balcón principal, orlados de la característica decoración de rocalla del momento y que representan las armas de los apellidos del promotor de estas reformas, Ponce de León a la izquierda y De la Cerda a la derecha.

       Finalmente, dentro de una estética ya neoclásica y en fechas no anteriores a finales del siglo XVIII se realiza la transformación de la puerta principal y balcón superior.



[1] Sobre las banderías en Jerez ver: MORENO DE GUERRA Y ALONSO, Juan. Bandos de Jerez. Los del puesto de abajo. Madrid: Talleres Poligráficos, 1929. SANCHO DE SOPRANIS, Hipólito. Historia de Jerez de la Frontera desde su incorporación a los dominios cristianos. Jerez de la Frontera: Centro de Estudios Históricos Jerezanos, 1964, pp. 209-236. RUIZ PILARES, Enrique José. “Lealtad, traición, matrimonios y juegos de cañas. Los enfrentamientos «banderizos» de la élite jerezana bajomedieval”. En: SANTIAGO PÉREZ, Antonio (coord.). Siguiendo el hilo de la Historia. Nuevas líneas de investigaciones archivística y arqueológica. Jerez de la Frontera: Ediciones La Presea de Papel, 2013, pp. 97-138.

[2] Muy aclaratorio sobre las distintas líneas de los Ponce de León presentes en Jerez es el árbol genealógico incluido junto al testamento de Luis Francisco Ponce de León e Isabel María de la Cerda Ponce de León fechado el 1 de noviembre de 1712: Archivo de Protocolos Notariales de Jerez de la Frontera (APNJF), tomo 2289, oficio 16, escribano Melchor de Mirabal y Medina, año 1712, f. 117. Además de la serie de artículos sobre esta familia que escribió Moreno de Guerra y que citamos en las próximas páginas, ver también: DÍEZ PONCE DE LEÓN, Rafael. Reseña genealógica de los Ponce de León. Sevilla: Fabiola de Publicaciones Hispalenses, 2005.

[3] AROCA VICENTI, Fernando. “La parroquia de San Mateo de Jerez de la Frontera en el siglo XVIII: obras y restauraciones”. Revista de Historia de Jerez, 1999, nº 5, pp. 8-9. AROCA VICENTI, Fernando. “La parroquia y el barrio de San Mateo en el siglo XVIII”. En: JIMÉNEZ LÓPEZ DE EGUILETA, Javier E. (ed.). La parroquia de San Mateo de Jerez de la Frontera. Historia, arte y arquitectura. Murcia: Universidad de Murcia, 2018, pp. 404-408.

[4] SANCHO DE SOPRANIS, Hipólito. “La arquitectura jerezana en el siglo XVI”. Archivo Hispalense, 1964, nº 123, p. 15.

[5] POMAR RODIL, Pablo Javier y MARISCAL RODRÍGUEZ, Miguel Ángel. Jerez. Guía artística y monumental. Madrid: Sílex, 2004, pp. 95-96.

[6] ROMERO MEDINA, Raúl y ROMERO BEJARANO, Manuel. “«Un lugar llamado Jerez». El maestro Alonso Rodríguez y sus vínculos familiares y profesionales en el contexto de la arquitectura del tardogótico en Jerez de la Frontera”. En: JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso (ed.). La Catedral después de Carlín. Actas de la XVII Aula Hernán Ruiz. Sevilla: Taller Dereçeo, 2010, pp. 267-268.

[7] MORENO DE GUERRA, Juan. “Los Ponce de León”. Revista de Historia y de Genealogía Española, 15 de noviembre de 1912,  nº 10, pp. 472-481; MORENO DE GUERRA, Juan. “Los Ponce de León (continuación)”. Revista de Historia y de Genealogía Española, 15 de diciembre de 1912, nº 11, pp. 511-520; MORENO DE GUERRA, Juan. “Los Ponce de León (conclusión)”. Revista de Historia y de Genealogía Española, 15 de enero de 1913, nº 12, pp. 543-560.   

[8] APNJF, tomo 2563, oficio 5, escribano Juan Ponciano de Arguello, año 1753, f. 337v.

[9] MORENO DE GUERRA, Juan: “Los Ponce de León (continuación)”, pp. 516-520.

[10] Archivo Municipal de Jerez de la Frontera (AMJF), Fondo Pilar Ponce de León (PPL), legajo 1, expediente 13, s/f.

[11] AMJF, PPL, legajo 49, expediente 1508.

[12] SANCHO DE SOPRANIS, Hipólito. “Un período oscuro de la vida de Pedro de Vera”. Revista de Historia, 1947, nº  79, p. 322. Se refiere a él con los siguientes términos: “personaje de peso en la vida de la ciudad, alcaide de Estepona, comendador de Santiago, abanderizado en la facción de los Ponces y fundador de la capilla de los de su linaje en la iglesia conventual del monasterio de San Francisco el Real […]. Hombre de carácter enérgico, cuando no violento, los enlaces femeninos de su rama, tanto ascendente como descendente, colocaron a ésta en situación más ventajosa  […] y le permitieron gozar desde su juventud de una regiduría perpetua —transformada después en veinticuatría—, que le daba asiento en el consistorio jerezano”.

[13] Este testamento fue ya citado en: SANCHO, Hipólito. San Francisco el Real de Jerez de la Frontera en el siglo XV. Notas y documentos para su historia. Madrid: Archivo Ibero-Americano, 1945, pp. 33-34.

[14] ROMERO MEDINA, Raúl y ROMERO BEJARANO, Manuel. “Un lugar llamado Jerez”, p. 192.

[15] Ibid., pp. 267-268.

[16] Sobre la Torre de Riquelme y su relación con dicha familia ver: BEJARANO GUEIMÚNDEZ, Diego,   GUTIÉRREZ LÓPEZ, José María, MORENO ARANA, José Manuel, REINOSO DEL RÍO, Mª Cristina y  LÓPEZ JIMÉNEZ, Jesús. “La Puerta de Rota: nueva propuesta de ubicación”.  Revista de Historia de Jerez, 2019, nº 22, pp. 96-98.

[17] AMJF, PPL, legajo 1, expediente 13, s/f.

[18] Ibidem.

[19] Siguiendo a Moreno de Guerra, el hijo de Francisco Ponce de León e Isabel Riquel, también llamado Eutropio Ponce de León, así como sus descendientes habitaron a lo largo del siglo XVI la casa situada “en el Mercado a la Puerta de Rota”. De este modo, allí también aparecen viviendo su hijo Francisco y su nieto Diego, del que desciende la línea de los Marqueses del Valle. Sin embargo, los sucesores de Diego Ponce de León figurarán ya residiendo en la calle Jabonería a raíz de la unión con la familia Dávila, como veremos: MORENO DE GUERRA, Juan. “Los Ponce de León (conclusión)”, pp. 543-560.

[20] Esta información se encuentra en la documentación relacionada con los dos pleitos que a continuación se mencionan.

[21] AMJF, PPL, legajo 49, expediente 1508, s/f.

[22] AMJF, PPL, legajo 1, expediente 37, s/f.

[23] APNJF, tomo 2089, oficio 16, escribano Melchor de Mirabal y Medina, año 1688, f. 219

[24] APNJF, tomo 1788, oficio 2, escribano Gómez de Trujillo, año 1661, ff. 273-275. 

[25] APNJF, tomo 2089, oficio 16, escribano Melchor de Mirabal y Medina, año 1688, f. 220.

[26] Ibid., f. 220v.

[27] AMJF, PPL, legajo 49, expediente 1527, s/f.

[28] APNJF, tomo 1851, oficio 16, escribano Gabriel Ramírez de Arellano, año 1667, ff. 78-80.

[29] Como tal aparece en una escritura de capitulaciones matrimoniales que otorga con motivo de la boda de su hija Mariana Ponce de León: APNJF, tomo 1904, oficio 16, escribano Gabriel Ramírez de Arellano, año 1673, f. 53.

[30] APNJF, tomo 2089, oficio 16, escribano Melchor de Mirabal y Medina, año 1688, f. 69.

[31] AMJF, PPL, legajo 49, expediente 1527, s/f.

[32] Ibidem.

[33] APNJF, tomo 2351, oficio 16, escribano Melchor de Mirabal y Medina, año 1730, s/f.

[34] APNJF, tomo 2526, oficio 2, escribano Diego Bartolomé Palmero, año 1750, f. 168v.

[35] APNJF, tomo 2563, oficio 5, escribano Juan Ponciano de Arguello, año 1753, f. 340.

[36] Sobre todo lo anterior ver: AROCA VICENTI, Fernando. “La parroquia de San Mateo de Jerez de la Frontera en el siglo XVIII”, pp. 8-9. AROCA VICENTI, Fernando. “La parroquia y el barrio de San Mateo en el siglo XVIII”, pp. 404-408.   

[37] AMJF, PPL, legajo 48, expediente 1450, s/f.

[38] AMJF, PPL, legajo 48, expedientes 1439-1448, s/f.

[39] A nivel general ver: RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza de los. “Arquitectura civil jerezana en el siglo XVII”. Páginas. Revista de Humanidades, 1991, nº 6, pp. 55-56. LÓPEZ CAMPUZANO, Julia. “La casa-palacio de los Ponce de León en Jerez de la Frontera”. Anales de Historia del Arte, 1991, nº 3, pp. 39-52. AGUAYO COBO, Antonio. “Vanitas vanitatum (Estudio iconológico del ventanal de Ponce de León)”. Revista de Historia de Jerez, 2004, nº 10, pp. 81-98. SANCHO, Hipólito. Introducción al estudio de la arquitectura en Xerez. Estudio introductorio a cargo de Fernando López Vargas-Machuca. Jerez de la Frontera: Peripecias Libros, 2015, pp. 86-89. ROMERO BEJARANO, Manuel. “Notas sobre la construcción del palacio de Ponce de León”. En: PÉREZ MULET, Fernando (dir.) y AROCA VICENTI, Fernando (coord.). Nuevas aportaciones a la Historia del Arte en Jerez de la Frontera y su entorno. Cádiz: Universidad de Cádiz y Asociación Jerezana de Amigos del Archivo, 2016, pp. 157-173. GUERRERO VEGA, José María, PINTO PUERTO, Francisco, ROMERO BEJARANO Manuel y RUIZ PILARES, Enrique José. “La reforma del Palacio Ponce de León de Jerez de la Frontera (S. XVI)”. Lexicon: storia e architettura un Sicilia, 2021, Speciale nº 2, pp. 225-236.

[40] ROMERO BEJARANO, Manuel. “Notas sobre la construcción del palacio de Ponce de León”, p. 157.

[41] Se incide en ello en: GUERRERO VEGA, José María, PINTO PUERTO, Francisco, ROMERO BEJARANO Manuel y RUIZ PILARES, Enrique José. “La reforma del Palacio Ponce de León de Jerez de la Frontera (S. XVI)”, pp. 225-229.

[42] RALLÓN, Fray Esteban. Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, tomo III. Jerez de la Frontera: Melchor García Ruiz, 1892, pp. 184 y 228. 

[43] Ibid., p. 311.

[44] GUTIÉRREZ, Bartolomé. Historia de las antigüedades y memorias de la M. N. y M. l. Ciudad de Xerez de la Frontera, libro cuarto. Jerez de la Frontera: Melchor García Ruiz, 1887, p. 49.  

[45] Se encuentra protocolizado en: APNJF, tomo 2285, oficio 22, escribano Juan Sánchez Barata, año 1719, f. 168v.

[46] ROMERO BEJARANO, Manuel. “Santas cosas son llamadas los muros”. La arquitectura militar en Jerez durante el siglo XVI. Jerez de la Frontera: Ayuntamiento de Jerez, 2008, pp. 132-133.

[47] De hecho, el propio Rallón nos da la interesante noticia de que, años antes de la entrega del edificio por parte de Enrique IV a Villacreces, éste levantó otra casa fortificada que despertó las reticencias del cabildo municipal: “Antes que comenzasen las controversias de Esteban de Villacreces con su cuñado, parece ser que estaba haciendo una casa principal para su morada en Xerez, con algún género de fortaleza más que lo ordinario; hizo la ciudad reparo en ello y lo impidió; él proseguía con la otra, y dió cuenta de ello á el Rey, pidiéndole licencia para proseguirla, y tuvo cédula, en que le hace esta merced” (RALLÓN, Esteban. Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera, p. 281).

[48] FERRADOR, Martín. El libro del Alcázar. Memorias antiguas de Jerez de la frontera ahora impresas por primera vez. Jerez de la Frontera: Ateneo Jerezano, 1939, pp. 139 y 146-147.

[49] AMJF, Fondo Pilar Ponce de León, legajo 22, expediente 678, f. 4. Sobre la fecha de la muerte de Francisco de Villacreces: AMJF, Fondo Pilar Ponce de León, legajo 22, expediente 694.

[50] RIVAROLA Y PINEDA, Juan Felix Francisco de. Monarquía española, blasón de su nobleza [...] Parte primera. Madrid: Alfonso de Mora, 1736, pp. 72-73. Se han puesto de relieve ciertas afinidades urbanísticas entre el palacio jerezano y la Casa de Pilatos en: GUERRERO VEGA, José María, PINTO PUERTO, Francisco, ROMERO BEJARANO Manuel y RUIZ PILARES, Enrique José. “La reforma del Palacio Ponce de León de Jerez de la Frontera (S. XVI)”, p. 228.

[51] ROMERO BEJARANO, Manuel. “Notas sobre la construcción del palacio de Ponce de León”, p. 158.

[52] Ibid., p. 159. Ver también: GUZMÁN OLIVEROS, Natividad y ORELLANA GONZÁLEZ, Cristóbal. “El palacio renacentista de Riquelme (Jerez de la Frontera, 1542)”. Revista de Historia de Jerez, 2001, nº 7, pp. 71 y 73.

[53] ROMERO BEJARANO, Manuel. “Notas sobre la construcción del palacio de Ponce de León”, pp. 159-160.

[54] SANCHO, Hipólito. Introducción al estudio de la arquitectura en Xerez, pp. 88-89.  

[55] También incluye la atribución a Voisin en: SANCHO DE SOPRANIS, Hipólito: “Del Viejo Jerez. Historia y arte. Cristóbal Voisin, maestro entallador”. El Guadalete, 17 de noviembre de 1932.

[56] ROMERO BEJARANO, Manuel. “Notas sobre la construcción del palacio de Ponce de León”, p. 160.

[57] APNJF, tomo 237, oficio 1, escribano Francisco Román de Trujillo, año 1546, ff. 478-489.

[58] Ibid., f. 483.

[59] Ibid., f. 487v.

[60] Ibid., ff. 487v-488.

[61] Ibid., f. 488v.

[62] El término también se utiliza en 1542 para aludir a la torre o mirador de la Casa de los Pinelo de Sevilla, según se interpreta en: BARRERO ORTEGA, Pedro y GÁMIZ GORDO, Antonio. “La Casa de los Pinelo en Sevilla según un texto de 1542”. En: AGUSTÍN-HERNÁNDEZ, Luis, CERVERO SÁNCHEZ, Noelia y SANCHO MIR, Miguel (coords. y eds.). El patrimonio gráfico. La gráfica del patrimonio. XVII Congreso Internacional de Expresión Gráfica Arquitectónica. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, p. 97.

[63] AMJF, PPL, legajo 12, expediente 369, s/f.

[64] FERRADOR, Martín. El libro del Alcázar, pp. 147-148.

[65] Sobre Benavente y su casa ver: ROMERO BEJARANO, Manuel. Maestros y obras de ascendencia portuguesa en el Tardogótico de la Baja Andalucía. Tesis doctoral. Sevilla: Universidad de Sevilla, 2014, pp. 154-160. MINGORANCE RUIZ José Antonio. “Bases económicas de la aristocracia bajomedieval: el veinticuatro jerezano Pedro Benavente Cabeza de Vaca”. Archivo hispalense, 2017, tomo 100, nº 303-305, pp. 97-129.

[66] Sobre este asunto en relación a Benavente y a otros miembros de la aristocracia jerezana del momento se ha llamado la atención en: MORENO ARANA, Juan Antonio. Un episodio cultural de Jerez de la Frontera en el siglo XVI. Los libros del bachiller Diego de Aguilocho. Madrid: Bubok Publishing, 2019, pp. 119-121.  

[67] De este movimiento espiritual también parece participar la suegra de Ponce de León, Luisa de Villavicencio, como expresa en las invocaciones de su citado testamento.

[68] APNJF, tomo 986, oficio 3, escribano Fernando de San Miguel, año 1599, 5 de enero, f. roto.

[69] APNJF, tomo 1595, oficio 13, escribano Juan Vigo de Arenas, año 1643, f. 124.

[70] Sobre Martín Calafate ver: RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza de los. Antón Martín Calafate y Diego Moreno Meléndez en la arquitectura jerezana del siglo XVII. Cádiz: Universidad de Sevilla y Universidad de Cádiz, 2003, pp. 181-237.

[71] APNJF, tomo 2094, oficio 6, escribano Juan Gómez Rendón, año 1689, f. roto.  

[72] Ibid., f. roto.

[73] Ibid., f. 349.

[74] AMJF, PPL, legajo 22, expediente 706, s/f.

[75] Sobre este arquitecto ver: REPETTO BETES, José Luis. La obra del templo de la  Colegial de Jerez de la Frontera. Cádiz: Diputación Provincial, 1978, pp. 195-196. AROCA VICENTI, Fernando. Estudios para la Arquitectura y Urbanismo del siglo XVIII en Jerez. San Fernando: La Voz de San Fernando, 1989, pp. 21-23. AROCA VICENTI, Fernando. Arquitectura y Urbanismo en el Jerez del siglo XVIII.  Jerez de la Frontera: Centro Universitario de Estudios Sociales, 2002, pp. 72-80. AROCA VICENTI, Fernando. “Sobre arquitectura pública durante el siglo XVIII en Jerez”. En: RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza de los. I Jornadas de Historia del Arte en Jerez de la Frontera: Arquitectura y diseño de la ciudad desde el siglo XVI hasta Isabel II. Jerez de la Frontera: Asociación Jerezana Amigos del Archivo, 2014, pp. 127-128.

[76] APNJF, tomo 2946, oficio 2, escribano Francisco Ramos Obregón, año 1796, ff. 16-17.

[77] Ibid., ff. 31v-34.

[78] Ibid., ff. 34v-35

[79] Ibid., f. 45.

[80] Ibid., f. 46.

[81] Ibid., ff. 39-40.

[82] Ibid., ff. 44-45.

[83] Ibid., f. 45.

[84] Ibid., ff. 49v-50.

[85] Sobre la interesante figura de este culto personaje y su biblioteca, que superaba la considerable cifra de 900 títulos, ver: MORENO ARANA, Juan Antonio. Oligarquía y lectura en el siglo XVIII. La biblioteca de Manuel del Calvario Ponce de León y Zurita, regidor de Jerez de la Frontera (1794). Madrid: Bubok, 2014.

[86] Ibid., p. 32.

[87] Sobre estas obras sobre el edificio del Cabildo ver: AROCA VICENTI, Fernando. “Las Casas Capitulares de Jerez de la Frontera en la segunda mitad del siglo XVIII: obras y reformas”. Archivo Hispalense, 1995, nº 239, Volumen 78, pp. 129-144. La participación de Ponce de León en el proyecto de ampliación en: MORENO ARANA, Juan Antonio. Oligarquía y lectura en el siglo XVIII, p. 10, nota 10.

[88] PARADA Y BARRETO, Diego Ignacio. Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera: precedidos de un resumen histórico de la misma población. Jerez de la Frontera: Imprenta del Guadalete, 1878, pp. 374-375.

[89] POMAR RODIL, Pablo Javier y MARISCAL RODRÍGUEZ, Miguel Ángel. Jerez. Guía artística y monumental, pp. 208-209.

[90] RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza de los. “La arquitectura doméstica de Jerez en el siglo XVII”. En: RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza de los. I Jornadas de Historia del Arte en Jerez de la Frontera, pp. 82-83, 88 y 90-91. Con anterioridad, la misma autora mencionó escuetamente esta casa y la relacionó con el “círculo de Diego Moreno Meléndez” en: RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza de los. “Aproximación a la arquitectura doméstica en el Jerez en el siglo XVII”. Trivium, 1997, nº 9, p. 297.

[91] MORENO DE GUERRA, Juan. “Los Ponce de León (conclusión)”, pp. 552-553. Asimismo, vemos que Parada y Barreto confunde el apellido Lorenzo con el nombre de pila del suegro de Francisco Ponce de León.

[92] Fue publicado su contenido en: EISMAN LASAGA, Carmen. “Documentos para el estudio de los Lorenzo de Mendoza, de los que desciende Manuel Sancho de Bahamonde y Lorenzo, quien instaló oratorio privado en sus casas de Jaén y Lopera”. Boletín del Instituto de Estudios Ginennenses, 2001, nº 177, p. 85. Agradecemos, por otro lado, a D. Manuel Carlos Ordás de Aranda que nos informara de la existencia de las armas de los Lorenzo en el escudo del abad de orígenes jerezanos Esteban Lorenzo de Mendoza y Gatica que aparece en la fachada del palacio abacial de Alcalá la Real.

[93] AMJF, PPL, legajo 49, expedientes 1520 y 1523, s/f.

[94] POMAR RODIL, Pablo Javier y MARISCAL RODRÍGUEZ, Miguel Ángel. Jerez. Guía artística y monumental, p. 208.

[95] APNJF, tomo 2089, oficio 16, escribano Melchor de Mirabal y Medina, año 1688, f. 193.

[96] AMJF, PPL, legajo 3, expediente 88, s/f.

[97] AMJF, PPL, legajo 49, expediente 1523, f. 3.

[98] APNJF, tomo 2270, oficio 16, escribano Melchor de Mirabal y Medina, año 1709, f. 179.

[99] APNJF, tomo 2289, oficio 16, escribano Melchor de Mirabal y Medina, año 1712, f. 117.

[100] APNJF, tomo 2713, oficio 9, escribano Francisco Fernández Gutiérrez, año 1771, f. 74.

[101] APNJF, tomo 3046, oficio 5, escribano Cristóbal González Barrero, año 1805, f. 19v.