Publicado en: Revista de Historia de Jerez, nº 16-17, Centro de Estudios Históricos Jerezanos, Jerez de la Fra., 2012.
Resumen: Con
este estudio pretendemos acercarnos a la huella dejada por el escultor genovés
Jacome Vacaro y sus posibles seguidores en Jerez de la Frontera durante la
segunda mitad del siglo XVIII.
En los últimos años es creciente el interés por estudiar
la actividad de los escultores de origen genovés que se instalan y trabajan en
Cádiz y otras poblaciones vecinas a lo largo del siglo XVIII. Unos artistas que
empezamos a conocer y valorar gracias a las aportaciones de diferentes
investigadores, entre los que sobresale José Miguel Sánchez Peña[1].
Por el número
de obras documentadas y por la diversidad y calidad de parte de ellas, ocupa un puesto destacado entre los
escultores de esta procedencia Jacome Vacaro. Afincado en Jerez, domina con
claridad el panorama local de la escultura durante la segunda mitad del siglo,
extendiendo además su producción a otras localidades del entorno.
Sobre él contamos con algunas referencias
bibliográficas de su propia época, pero estas son confusas o poco precisas[2]. Por
ello, una vez más, no será hasta las investigaciones de Hipólito Sancho de
Sopranis en el segundo tercio del siglo XX cuando se redescubra su figura.
Aunque no ajena a errores, la labor de este historiador, materializada en
diferentes artículos, fue fundamental para un primer estudio de la producción
del italiano[3]. Pero habría que esperar a 1978 para
adentrarnos en el conocimiento de su vida y ampliar el de su obra a través de
José Luis Repetto Betes[4].
Ambos autores son las bases fundamentales para el estudio de Vacaro, aunque a
ellos debemos unir las aportaciones más recientes de José Jácome González, que
nos informó sobre el contenido de sus testamentos[5], y de
Francisco Espinosa de los Monteros y Juan Antonio Patrón Sandoval, quienes han
insistido principalmente en ampliar su nómina de realizaciones[6].
En este artículo pretendemos seguir
profundizando en su vida y su obra pero buscando dar respuesta también al origen
de un grupo de piezas jerezanas donde igualmente se percibe la huella genovesa;
una impronta tras la que puede esconderse la gubia del propio Vacaro o, tal
vez, las de otros escultores próximos al artista[7]. Para
concluir, completaremos el panorama mencionando un par de imágenes ajenas a
este círculo pero que revelan los rasgos de otros imagineros asimismo llegados
de la Liguria.
1.
JACOME
VACARO: APUNTES BIOGRÁFICOS.
1.1.1. Sobre su origen y formación.
En los recientes trabajos sobre
el artista escritos por Patrón Sandoval y Espinosa de los Monteros se aporta el
dato de su nacimiento en “Savona en la
provincia de Genova”, reflejado
en un poder para testar otorgado por una de sus hijas en 1810[8]. Con
todo, debemos advertir que este testimonio entra en contradicción con el que
nos suministra el propio escultor tanto en su expediente matrimonial como en su
testamento de 1785, documentos en los que declaró expresamente haber nacido en
la propia ciudad de Génova[9].
Repetto Betes ya nos indicó los nombres de sus padres,
la fecha aproximada de su nacimiento y su llegada a Jerez con doce años, todo
ello procedente del expediente originado con motivo de su matrimonio en 1758[10]. El
original conservado en el Archivo del Arzobispado de Sevilla repite lo ya
sabido. Sólo cabe añadir que rubrica con el apellido “Bacaro”, como se ve en otros documentos de fechas más tempranas. Pasados
algunos años, firmará ya de forma habitual como “Vacaro”, presente en la mayoría de las escrituras consultadas, por lo que, sin
menospreciar otras opciones también válidas, será la modalidad que empleemos a
lo largo de este estudio[11].
Ilustración
1: Firma de Jacome Vacaro (1773).
Si aceptamos lo expuesto en su expediente matrimonial,
en torno a 1747 llegaría el joven Vacaro a la ciudad, posiblemente tras un
paso, no sabemos si fugaz o no, por Cádiz, a cuyo puerto debió de arribar
procedente de Italia. Desde esta hipotética llegada hasta 1757, en el que
contrata su primera obra conocida, existe un vacío documental que coincidiría
con su formación artística. Este aprendizaje, a diferencia de lo que ocurre con
otros escultores de igual procedencia, difícilmente podría haberse iniciado en
su tierra natal. Es más, llegaría con una edad propicia para entrar de aprendiz
en alguno de los talleres escultóricos activos en Jerez por aquel tiempo, caso
del de Diego Roldán o de los de Francisco y José Camacho de Mendoza. Es con los
Camacho con los que la obra de Jacome ofrece mayor afinidad pero mucho más
clara es la asimilación formal y técnica de la escultura genovesa de la época
que muestra su producción conocida. No obstante, en la ciudad no hay, por
ahora, constancia del establecimiento de ningún artista genovés en la citada
fecha. Sólo se sabe de la actividad posterior de los hermanos Vicente y
Bernardo Cresi, pero éstos, como veremos más adelante, llegan a Jerez por los
mismos años y con una edad muy semejante, circunstancias que impiden
lógicamente suponer su magisterio sobre Vacaro[12].
En su mencionado expediente matrimonial se afirma que
desde su llegada a la localidad se había “mantenido
sin haser ausencia notable” de ella. Si no fuera porque esta frase se
repite como una verdadera fórmula en este tipo de documentos, estaríamos
obligados a descartar cualquier formación en otras poblaciones cercanas, en las
que sí aparecen afincados diversos imagineros de origen genovés. Entre todos ellos
se ha propuesto el nombre de Francesco Maria Maggio (c.1705–1780), vecino de
Cádiz por este tiempo[13]. En
cualquier caso, hay que recordar que la obra de este último es muy escasa, el
estilo de todos estos artistas italianos bastante homogéneo y, a la vez, la
manera artística de Vacaro en cierto punto variable, lo que hace arriesgado el
decantarse sin una base documental por cualquier opción[14].
Pero el asunto de la formación del artista es todavía
más complejo. Y es que no puede ignorarse que a lo largo de su trayectoria
trabajó tanto la madera como la piedra, material este último que no empleaban
todos los escultores y que parece incluso raro entre los imagineros genoveses
activos en la zona. No obstante, sí fue relativamente frecuente entre los
maestros jerezanos, siendo muy significativo que la labor de éstos fuera
demandada a lo largo del siglo por la ciudad de Cádiz, desde la que el propio
Vacaro fue llamado en 1763 para la terminación del Triunfo de la Virgen del
Rosario. En concreto, por el tiempo en que presumiblemente llega nuestro
artista se localiza al ya referido José Camacho de Mendoza a caballo entre
Jerez y Cádiz, donde interviene en las obras de su nueva catedral. Asimismo,
Mendoza participa también en la decoración exterior de la Colegial jerezana,
templo al que precisamente veremos vinculado a Jacome durante toda su vida
documentada, tanto personal como laboralmente. En este sentido, cabe
preguntarse si pudo existir algún tipo de relación profesional entre José de
Mendoza y nuestro escultor o si aquél pudo tener algo que ver de manera directa
o indirecta con su aprendizaje. Desafortunadamente, siguen faltando fundamentos
sólidos al respecto, por lo que seguimos sin poder sobrepasar en este tema las
meras conjeturas[15].
1.1.2. La vida del artista a
través de diversos documentos.
Mediante distintas escrituras notariales y diferentes
padrones podemos comprobar los sucesivos traslados de domicilio del escultor,
ya indicados por Repetto Betes[16], y
la intensa actividad de compra, venta y reedificación de sus distintas casas
que ello conllevó, lo que parece reflejar cierto bienestar económico y, quizás,
un objetivo lucrativo en este continuo trasiego inmobiliario.
Menos de dos años después de su matrimonio, el 20 de
enero de 1760 su suegro Antonio de la Rosa le traspasa su casa, situada en la
calle Cazorla Alta[17]. En
esta casa vivirá desde 1758 hasta 1768. En ella aparece recogido dentro del
padrón municipal de 1761[18]. El
29 de Marzo de 1767 el escultor vende esta casa a José Morales. Seguidamente,
este último se obliga por otra escritura a pagarle 6192 reales por “siertas quentas y tratos”[19].
El 12 de Junio de ese mismo año Ambrosio García y su
mujer Inés González venden a Vacaro otra casa en la aledaña calle de la Rosa,
especificándose que se encontraban “mui
deterioradas”[20]. Al
año siguiente ya estaba en ella, donde permanecerá hasta 1777. Aquí lo hallamos
en el padrón municipal de 1771[21]. El 18 de diciembre del citado año, Vicente
Irribaren, como albacea de Francisco Sansberro, le vende otra en la calle Caballeros,
en la collación de San Miguel. No parece que llegara a habitar en ella. De hecho, el 19 de Marzo de 1773, siendo vecino de la calle de la Rosa, se la
compra el médico Manuel de Vilches[22].
Por el padrón de 1775, en el que se confirma que
seguía residiendo en la calle de la Rosa, sabemos también que era propietario de
una vivienda en la calle Visitación, señalándose que “se estaba labrando y no tiene vecindad alguna”[23]. Esta
vivienda, en la que lo vemos residiendo el 1 de septiembre de 1777, cuando
arrienda una bodega perteneciente a la misma[24], le
fue vendida por el Cabildo Colegial el 29 de enero de 1774. Sin embargo, el 17
de septiembre de 1778 declara que la propiedad de la misma recaía en el canónigo
Fernando Ramos Dávila ya que la compró con su dinero, con el que también se
había costeado su reedificación, aunque “por
algunos fines particulares que a ello le mobieron me pidio que la referida
escriptura se hiciera a mi nombre”[25]. Lo
cierto es que allí permanecerá hasta 1780.
El 20 de septiembre de 1778 Jacome Vacaro compra a otro
canónigo, Antonio José de Menchaca, un solar en el Llano del Alcázar, “cuio sitio comprehende un mil tresientas
nueve y media varas planas y mas el de una callejuela llamada de las comedias”.
El 5 de Octubre siguiente los herederos de Luis Navarrete le venden una
medianería colindante con este solar[26]. Las
obras, que comenzaron ese mismo año, tuvieron un trágico desarrollo pues, como
nos informa Juan Trillo y Borbón, testigo del suceso, el 21 de diciembre de
1778 “se hundió un cimiento”,
provocando la muerte de tres personas[27].
Pese a este hecho y tras obtener otro pedazo de sitio anexo, gracias a un Real
Despacho fechado en 18 de Julio de 1780[28],
parece que aquí vivirá el artista y su familia, aunque sorprende que sólo entre
1781 y 1784. En 1785 la terminará vendiendo al conde de Mirasol[29].
El 24 de enero y, nuevamente, el 24 de Abril de 1780
se presentan en el cabildo municipal sendas peticiones del escultor solicitando
un terreno “para labrar una casa”
asimismo en el Llano del Alcázar, si bien ahora junto a la propia muralla. A
pesar de la oposición de parte de los caballeros veinticuatro, se le concedió.
No obstante, el 1 de Julio siguiente cede todos los derechos adquiridos a favor
del bodeguero Manuel Carlos Baamonde y del
hacendado José de Vargas, para los
cuales reconoce haber hecho dicha solicitud[30].
Parece que la familia Vacaro se localiza en la calle
Ciegos dentro de los padrones parroquiales de San Salvador entre 1785 y 1786.
Sin embargo, en el testamento del imaginero y su esposa, fechado el 23 de
octubre 1785, declaran ser vecinos de la plaza de la Encarnación y tener entre
sus bienes una casa en la Cuesta de la Cárcel, que estaban labrando por aquel
entonces[31]. A finales del año
siguiente, en concreto, el 17 de noviembre, Vacaro ya vivía en esta última y
arrienda por tres años parte de ella a Andrés de Torres[32].
Que el escultor fue un hombre experimentado y, por
ello, de confianza en este tipo de asuntos inmobiliarios, lo demuestra el hecho
de que un caso similar a lo ocurrido con la compra de la casa de la calle
Visitación en nombre del canónigo Ramos Dávila y con la petición de terrenos
para los citados Bahamonde y Vargas se dé en 1787. El 27 de Junio de ese año se
firma una venta judicial de una casa a su favor. Seguidamente, Vacaro hace
cesión de la misma al cabildo colegial, declarando que “en todo esto no he echo otra cosa alguna mas que prestarme nombre […] a la
parte de la referida Mesa Capitular”[33].
Finalmente, a partir de 1792 y hasta su muerte vuelve
al entorno de la Colegial, instalándose en la calle Cazorla Baja, donde labra
una nueva casa sobre un corralón que compra a Antonio de Fuentes el 30 de Abril
de aquel año[34].
A partir de todo lo anterior, podemos
deducir que no fue Vacaro una persona que se contentara con su actividad
artística. Otra noticia que incide en esto, al margen de confirmar una vez más
que no había roto los lazos con su tierra natal, es la que nos informa que cuando
en 1787 Simón Tinture, colaborador en algunos de sus trabajos en piedra, se encargue
del solado de la iglesia de San Lucas es el propio escultor el que aparece
vendiendo a la parroquia las losas de mármol de Génova para este fin[35].
No extraña, por ello, que en referencia a estas
ocupaciones ajenas a lo profesional, terminara viéndose envuelto en diferentes
pleitos. De este modo, sabemos que en 1777 demandó a un vecino de Lebrija por
deberle 6.300 reales, valor de 140 fanegas de trigo, obteniendo una sentencia
favorable[36]. No tuvo tanta suerte,
sin embargo, con otro litigio, el que al final de su vida mantuvo el convento
de Santo Domingo contra él, que menciona en su último testamento[37]. Se
ocasionó por el impago de un censo sobre una de sus casas, la de calle de la
Cuesta de la Cárcel. Ya muerto, el 5 de mayo de 1802 se ordena a sus herederos
el pago del censo y las costas[38]. En
este contexto litigante deben explicarse asimismo algunas escrituras de poder
que hemos localizado, en la que lo encontramos otorgando a favor de diversos
procuradores en 1777[39],
1779[40] y
1794[41].
Junto a ello, comprobamos que Vacaro mantuvo unas estrechas relaciones con miembros destacados de la
sociedad jerezana de su época, de las que sacaría provecho económico y
profesional. Es paradigmático, en este sentido, los continuos contactos con
canónigos de la Colegial que hemos visto líneas atrás, ya que a lo largo de su
vida fue prácticamente el escultor oficial de este templo, en fase de
conclusión y ornamentación durante la segunda mitad del siglo XVIII.
Paralelamente, llama la atención los lazos de unión
que establece a través de los matrimonios de sus hijos con otros artistas
locales, como ciertos doradores, que acaso pudieron intervenir en el acabado de
alguna de sus obras. De este modo, su único hijo varón, Pedro, parece que se
casó en 1784[42]. El nombre de su esposa,
María del Carmen de la Escalera, se conoce por el testamento de Jacome de 1785[43]. Nos
consta que el padre de ésta tuvo un hijo, llamado Diego, que ejerció ese oficio[44].
En cuanto a sus cuatro hijas, curiosamente tres se
casaron con extranjeros establecidos en la ciudad[45] y de
los tres podemos confirmar además su dedicación a labores artísticas. Así,
Josefa tuvo como primer esposo al alemán José Wiersich, que fue pintor y
dorador[46]. Por
su parte, María del Carmen contrajo matrimonio con el italiano Francisco
Veleti, que era platero[47]. La
misma profesión ejerció el esposo de Antonia, el portugués Antonio Joaquín da
Costa Grogueira[48].
Por último, y para completar la red de relaciones
sociales en la que se desenvolvió, ya otros autores han llamado la atención sobre
sus contactos con otros miembros de la nutrida colonia genovesa de Cádiz y
Jerez, que se localizan apadrinando a sus hijos o estableciendo diversos tratos
con él[49].
Cercano el final de su vida, el genovés redacta el 26
de Abril de 1801 un testamento, al que le seguirá un nuevo codicilo el día siguiente
y, por último, otro testamento, fechado el 26 de Septiembre[50]. Su
muerte acaeció el 11 de noviembre de ese año, tal y como se refleja en la
escritura de aprobación de la partición de sus bienes entre sus hijos, fechada
el 5 de octubre de 1802[51]. Por este documento sabemos igualmente que el
31 de julio de 1802 éstos nombraron contador al licenciado Manuel Díaz de la
Peña, elegido como albacea por su padre en sus últimos testamentos, quien
concluyó la liquidación y partición el 30 de septiembre. Por desgracia, se
indica que los bienes muebles resultantes fueron repartidos entre los
interesados por acuerdo privado, por lo que no fueron incluidos en la partición[52], la
cual se limitó a los bienes de mayor enjundia, como las dos casas propiedad del
artista, situadas en la Bajada de la Cárcel y calle Cazorla Baja,
respectivamente, y los 60.000 reales que Pedro Agustín Rivero debía al difunto[53].
Tras valorar unas deudas que alcanzaban los casi 19.000 reales, se valoró el
capital a repartir en la cantidad nada desdeñable de 246.166 reales y 12
maravedíes, lo que equivalía a cerca de 50.000 reales por hijo.
2.
TALLER Y
POSIBLE CÍRCULO.
Desde un punto de vista puramente material, la
lamentable circunstancia de carecer de un inventario del obrador del escultor,
apenas puede suplirse por la escueta referencia que a él hace el propio Vacaro
antes de morir en sus dos testamentos de 1801, afirmando que estaba compuesto
de “molduras, maderas, libros,
herramientas y demas concerniente a mi Ejercicio de Escultor” y que se
situaba en la parte baja de la casa de su morada.
En cuanto a los miembros
integrantes del mismo, no es mucho lo que sabemos. En cualquier caso, como se
verá, el extenso grupo de obras de “estilo genovés” que hallamos en Jerez
comparte una serie de rasgos comunes pero también nos muestra diferencias
morfológicas y de calidad que nos hacen tener en cuenta la posibilidad de la intervención
de más de una mano en ellas. Es posible que detrás de estas disonancias se
encuentren diferentes colaboradores o miembros del taller de Vacaro. Nos
detendremos ahora en algunos de ellos, cuyos nombres nos son conocidos
documentalmente.
Aunque no podemos
asegurarlo, es factible que con él pudieran colaborar los hermanos Bernardo y Vicente Cresi, dos artistas de procedencia
igualmente ligur e instalados en Jerez por los mismos años. Muy poco sabemos de
la dedicación artística de ambos. Aunque no puede descartarse totalmente su
trabajo en labores escultóricas, hay que resaltar que lo que se sabe con
seguridad es que trabajaron como ensambladores y tallistas.
En el caso de Bernardo Cresi, la primera referencia y
algunos datos biográficos se hallan en el expediente matrimonial de Vacaro,
fechado, como hemos dicho, en 1758. Allí comparece como testigo indicando que
lo conocía en Jerez desde “que tendria
dose años de edad”. Dice vivir en la calle Letrados, en la collación de San
Salvador, ser hijo de Lucas Cresi y de Rosa Inla y tener 23 años, lo que
situaría su nacimiento hacia 1735, contando por tanto con la misma edad que
Jacome[54].
Repetto Betes apunta que
su esposa se llamaba María Suárez y que en 1773 bautizó a una hija en la
Colegial[55]. Añadimos el nombre de
otro hijo, Manuel, que en 1775 tenía unos 11 ó 12 años, según el padrón
municipal de esa fecha. Este censo nos sitúa en esta ocasión a Bernardo como
vecino de la calle Carpintería Alta, dentro de la collación de San Lucas,
indicándose que era mayor de 30 años y que su oficio era el de ensamblador[56].
Consta que fue oficial
del retablista local Andrés Benítez[57], si
bien también recibe encargos de manera independiente. De esta manera, en 1776
para la iglesia de San Miguel hace los canceles de las puertas laterales y una
restauración sobre el retablo mayor, realizando, al parecer, nuevas manos para
las imágenes de su tabernáculo, lo que indicaría que, además de tallista, fue
escultor[58].
De Vicente Cresi, Repetto Betes dice que
se casa en la parroquia de San Dionisio con Felipa Baeza, momento en el que manifestó
ser natural de Génova[59]. En
efecto, en su expediente matrimonial, que se fecha en 7 de mayo de 1760, afirma
ser “hijo de Lucas Cresi y Rosa Chivana y
natural de la ciudad de Genova de donde vino a esta ciudad siendo de Dies años
de edad”. En aquel momento era vecino de la Plaza del Clavo y tenía 21
años, por lo que habría nacido en torno a 1739 y llegado a Jerez hacia 1749.
Como testigos comparecen su padre y otro hermano llamado Antonio, que vienen a
reincidir en lo dicho por Vicente. Así, Lucas Cresi, de 54 años, indica que “siendo de Dies años lo traxo el testigo a
esta ciudad con otros sus Hermanos”, algo en lo que insiste su hijo
Antonio, de 31 años. Eran vecinos igualmente de la Plaza del Clavo. En lo que
respecta a Felipa Baeza, sabemos por este documento que era natural de Jerez y
que sus padres se llamaban Pedro Baeza y Sebastiana Cañas[60].
Repetto nos
informa que Vicente bautizó a un hijo en la Colegial, llamado Santiago, que
apadrinaron Vacaro y su mujer, aunque no facilita la cronología de esta
noticia. También señala que en 1763 vivía junto a su esposa en la casa del
escultor, lo que deja bien clara la estrecha relación que existió entre ambos[61].
Por estos
años está confirmada su inclusión como oficial dentro del taller de Andrés
Benítez. En este sentido, el 24 de julio de 1770 declara a su favor en el
pleito que el retablista jerezano sostuvo contra los carpinteros de lo blanco
de la ciudad, afirmando que lo conocía desde doce años atrás, es decir, en
torno a 1758, y que había trabajado en su obrador. En este documento expresa
ser tallista, vecino de la Calle Naranjas y mayor de 30 años[62].
Aunque el escribano españolizara su apellido, creemos que es con mucha
probabilidad el Vicente Crespo que aparece avecindado en la mencionada
calle en el padrón municipal del año siguiente, 1771. Se indica aquí que era
tallista, de edad de 30 años y que estaba casado y no tenía hijos varones[63]. De
nuevo lo localizamos en el padrón de 1774, ahora nombrado con el apellido Creci, viviendo en la calle Lecheras de
la collación de San Salvador y figurando como maestro tallista, de 32 años,
casado y sin hijos varones[64].
Hasta el
momento, estas son las noticias que tenemos de estos dos artistas. No hemos
podido localizar referencias posteriores a su existencia en la ciudad. Igualmente, como en el caso del propio Jacome
Vacaro, desconocemos con quién pudieron formarse, aunque parece muy probable
que lo hicieran en Jerez, a donde también llegaron siendo niños. En cualquier
caso, es una incógnita la dedicación profesional del padre ambos, Lucas Cresi.
Sí sabemos, no obstante, por el citado padrón de 1774 el oficio de otros
posibles familiares, vecinos de la calle Algarve, en la collación de San
Dionisio: Mateo Cresi, zapatero de
obra prima, y Juan Cresio, que
ejerció un oficio artístico directamente ligado a la escultura y el retablo, el
de dorador. A pesar de la hipotética alteración del apellido, de este último se
señala que era genovés, soltero y de 32 años[65].
Volviendo al obrador de Vacaro, además del propio
Pedro, al que a continuación nos referiremos, hemos logrado descubrir otros dos
discípulos formados en el mismo: Bernardo
Cortiguera y Simón Palomino.
Ambos figuran como aprendices de su taller en el padrón municipal de 1775. Del
primero se indica que tenía por aquel tiempo 13 años y que era hijo de Jerónima
Muñoz, viuda de Francisco Cortiguera, y que vivía en la calle del Sol. En
cuanto al segundo, su edad era de 12 años, de padre homónimo y vecino de la
calle Roalabota. Desconocemos, por ahora, cualquier información sobre la
posterior trayectoria de estos dos personajes, que debieron aprender el oficio
de escultor a la vez que su hijo, que en ese año contaba también con 12 años[66].
Por último, cabe mencionar precisamente a Pedro Vacaro. Nacido en Jerez en 1759,
de su matrimonio y de la familia de su mujer ya hablamos líneas atrás. En
cuanto a su aprendizaje artístico, hay que decir que lo compaginó con otro de
carácter intelectual, pues se sabe que estudió gramática en las clases
gratuitas que se impartían en las Reales
Escuelas establecidas en el antiguo Colegio de la Compañía. Tenemos
constancia además de que su padre se involucró personalmente en la formación
académica de su hijo, tomando partido dentro de la polémica que se suscitó
sobre la capacitación de uno de sus profesores[67].
Esto último puede demostrar que Jacome procuró buscar un futuro profesional
mejor para éste, alejado de la inestabilidad económica del arte. Sin embargo,
Pedro terminaría heredando no sólo el oficio, sino también el taller de su
padre, con quien colaboraría en diversos trabajos. Repetto Betes afirma que talló
para la entonces Colegial jerezana los capiteles de la portada de la sacristía,
que pudo intervenir en la sillería de coro y que ejecutó, al parecer en
solitario, un armario para la capilla bautismal[68].
Meses después de la
muerte de su padre, encontramos nuevas referencias a su actividad profesional.
Con motivo de la epidemia de peste de 1800 fue necesaria la instalación de un
lazareto. Para el mismo, el convento local del Carmen cedió un tabernáculo al
Ayuntamiento. En el cabildo de 4 de Febrero de 1802 el prior carmelita envía un
memorial indicando que para sustituir el entregado había tenido que realizar uno
nuevo por un costo de 3.200 reales, que pide que se le paguen. Para apreciar el
viejo y el nuevo tabernáculo se nombra a Pedro, algo que no deja de ser
expresivo de la consideración que aún se tenía a los Vacaro en Jerez. Sin
embargo, en el cabildo del 27 de abril
tuvo que llevarse a cabo un nuevo nombramiento debido a que el artista se
hallaba “ausente de esta ciudad”[69]. Ignoramos
las causas de esta salida de Jerez y si esta pudo deberse a cuestiones
laborales. Lo cierto es que cuando el 5 de octubre de ese año comparece en la
ciudad para la aprobación de la partición de bienes de sus difuntos padres era
vecino de San Fernando, localidad donde también vivía su hermana Antonia. En
cualquier caso, en Julio de 1803 residiría de nuevo en la ciudad. De esta fecha
es una noticia inédita recogida dentro de las cuentas de la hermandad del Dulce
Nombre de Jesús, con sede en el Convento de Santo Domingo, que nos informa que
se le pagan 300 reales por la “composición” de la imagen titular, aún hoy
conservada[70]. Tendremos oportunidad de
volver más adelante a este interesante asunto.
En 1805 se le vuelve a localizar en distintas
escrituras relativas al reparto de bienes originado tras la muerte de otra de
sus hermanas, Josefa. De este modo, contamos con el dato de que el 8 de Agosto
de ese año era vecino de la calle Cazorla Baja[71].Tras
ello tenemos un gran vacío documental que llega a hasta el momento de su óbito,
cuya fecha se desconoce. Sólo podemos aportar que el 7 de Mayo de 1828 ya
estaba muerto por una escritura otorgada por María del Carmen de la Escalera en
la que declara encontrarse ya viuda[72].
3. LA OBRA DE VACARO Y SU POSIBLE CÍRCULO.
3.1. ANOTACIONES SOBRE SU ESTILO.
Dentro de lo que
consideramos como obras de Jacome Vacaro y su taller o posible círculo se
encontrarían un buen número de piezas, dentro de las cuales hemos incluido
esculturas afines a su producción documentada. En cualquier caso, hay que
advertir que dentro las propias realizaciones seguras del genovés se perciben
modelos diversos y soluciones estilísticas incluso contradictorias que nos
llevan a un terreno pantanoso. Sin poder establecer hipotéticos límites
formales entre el maestro y las manos de sus oficiales o supuestos seguidores, sólo
podríamos proponer su paternidad sobre las imágenes de mayor calidad y ello no
sin grandes reservas.
Sin embargo, creemos que
en este aspecto del estudio de su estilo hasta ahora no se han tenido lo
suficientemente en cuenta obras de la importancia de la decoración escultórica
de la sillería y la portada de la sacristía de la catedral jerezana, que al
valor de estar documentadas unen la calidad de ejecución y una amplia variedad de
modelos físicos. Son además creaciones maduras, depuradas, superadas ya las
incorrecciones de proporción de su primerizo cristo de la Flagelación, que
sigue siendo un excesivo referente a la hora de hablar del artista. Por ello,
no terminamos de ver como característico en Vacaro el “canon alargado” del que
hablan Espinosa y Patrón. Acerca de lo que estos autores comentan sobre el tema
que tratamos en este apartado, sí vemos interesante incidir en el particular
tratamiento del pelo que muchas de estas esculturas muestran. El punto de
partida es claramente genovés, con la típica técnica aristada y detallada a
base de líneas largas y dinámicas; un movimiento en el que nuestro artista se
recrea mediante curvos mechones que suelen caer sobre la frente. Unas veces el
cabello cae en recorrido sinuoso y acaba con frecuencia sobre los hombros en
unos distintivos bucles, que pueden alcanzar cierta ampulosidad. En otras
ocasiones dichos bucles se multiplican dando un aspecto general rizado; lo
vemos en alguna figura del relieve de “La Ascensión” de la portada
catedralicia, pareciendo además el procedimiento preferido para las imágenes
infantiles, como en los ángeles de la documentada Inmaculada del presbiterio
del mismo templo. Muy movidas suelen ser las barbas, que se curvan y peinan
hacia delante, llegando en los personajes de mayor edad a configurar largos y
retorcidos mechones.
La documentación y las
obras conservadas demuestran que Jacome trabajó de forma asidua en la entonces
colegial jerezana. Así, los rasgos anteriores se repiten, habitualmente con una
mayor dureza de acabado, en otras piezas catedralicias que se vienen asignando
con fundamento a Vacaro y su taller: el San José que hoy se halla en el actual
presbiterio, la imaginería del retablo de San Pedro y la del antiguo de San
Juan Nepumoceno. Dentro de este último, en las tallas de San Felipe de Neri y
San Carlos Borromeo encontramos un detalle que, aunque no aparezca siempre en
todas las figuras masculinas, parece genuino del obrador de Vacaro y que también
localizamos en esculturas de la portada de la sacristía: en las manos se
describen las venas en un marcado relieve de dibujo entrecruzado que suele
terminar en doble “V” en los nudillos. Este pormenor lo tienen imágenes atribuidas
como el San José de la parroquia jerezana de Santiago o el Cautivo de la
iglesia de la Victoria de Puerto Real, así como otras tallas de las que
hablaremos más adelante.
Aunque pueden apuntarse
otros elementos reiterativos, que iremos indicando al hacer seguidamente el recorrido
por la producción de Vacaro y su taller, ambos aspectos, la morfología del pelo
y las manos, nos resultan los más llamativos.
3.2. LOS TRABAJOS EN PIEDRA.
Estamos ante
una página muy señalada de la obra de Vacaro, si bien no siempre se le ha
prestado la suficiente atención. Tras la marcha a México de José de
Mendoza, Jacome debió de convertirse en el escultor mejor dotado para emprender
este tipo de trabajos. El Triunfo de Nuestra Señora del Rosario de
Cádiz es el más temprano testimonio de este tipo de trabajos, pero,
lógicamente, no debió de ser el primero puesto que cabe suponer que la fama que
habría adquirido con otras realizaciones anteriores, que por ahora
desconocemos, fue la que motivaría que fuera llamado desde aquella localidad.
Este monumento votivo fue levantado por el
Ayuntamiento gaditano en honor a la patrona de la ciudad en agradecimiento por
la protección que se le atribuyó en el terremoto de 1755. En 1763 interviene
Vacaro en la conclusión del apartado escultórico del mismo, que ya había
empezado a ser desbastado por un escultor portugués, cuyo nombre calla la
documentación. El conjunto se completó con una serie de ángeles, desaparecidos
tras ser desmontado en 1873 y finalmente reconstruido en su actual
emplazamiento en 1954[73]. Las
cabezas se encuentran en la línea formal habitual del artista.
Ilustración 2: Triunfo
de la Virgen del Rosario de Cádiz (Jacome Vacaro, 1763).
Ya
Hipólito Sancho sugirió la posibilidad de que Jacome Vacaro participara en la
decoración pétrea de algunas de las casas que se construyen en Jerez por esta
época. En ellas, desde el punto de vista escultórico, destacan especialmente la
fachada principal del palacio de
Villapanés y la portada del de
Bertemati, antigua casa de Juan Dávila Mirabal. Ya en sendos artículos que
dedicamos al estudio de la arquitectura civil jerezana de la segunda mitad del
setecientos insistimos en dicha propuesta, atreviéndonos a poner como ejemplo
los atlantes de la marmórea portada principal de Villapanés, que debió de
realizarse entre 1766 a 1776, años en los que se documentan obras en el edificio[74]. Los
torsos, esbeltos, con el ángulo o arco formado por las costillas en torno al
vientre de borde muy marcado, nos trae a la mente el Cristo de la Flagelación y
los bucles del cabello, en los que, tal y como ocurre en las esculturas de la
portada catedralicia, parece utilizar el trépano, nos llevan a pensar en esta
probable autoría, que se sustenta también en la propia cronología. Lo mismo
podríamos decir de las estatuas de San Miguel y San Rafael de las esquinas de
la misma fachada, que también se nos muestran cercanas a la labor de Vacaro y
su taller.
Tampoco consideramos
descabellado sugerir que se le llamara para trabajar en otra casa tan suntuosa
como la que a partir de 1768 emprende Juan Dávila Mirabal en la propia
collación de San Salvador, feligresía donde el artista residió durante toda su
vida documentada[75]. A esto debe unirse la
curiosa circunstancia de que Dávila fuera nombrado albacea por el marqués
Miguel Andrés Panés, promotor de la reconstrucción del palacio de Villapanés,
en su testamento de 1776, ya que es algo que demuestra que existió entre ambos
patricios una estrecha amistad[76].
Existe un documento que
creemos que puede justificar la hipótesis que planteamos. Se trata de un poder
para pleitos que emiten Simón Tinture, Juan Moxi y José Codina el 6 de
Septiembre de 1769[77]. Una
escritura aparentemente poco elocuente pero que en realidad nos aporta una
serie de datos muy sugerentes.
En primer lugar, del
citado Simón Tinture (o Tintorel, como aparece en algunas ocasiones) conocemos
su dedicación profesional como“maestro
lapidario”, oficio que tal vez también debieron de ejercer
Moxi y Codina. De hecho y como dijimos, a Tinture lo encontraremos
colaborando años más tarde con los Vacaro labrando las columnas de la portada
de la sacristía de la entonces Colegial[78]. En
segundo lugar, la escritura se otorga precisamente en la casa de Juan Dávila
Mirabal, cuya edificación se inicia por estos años. Y, por último, de manera
llamativa como testigos aparecen el propio Jacome Vacaro y el arquitecto que
dirigiría la construcción, Juan de Bargas. La presencia de todos ellos en la
obra de esta casa creemos que puede permitir proponer la intervención en la
decoración pétrea del palacio Bertemati del escultor junto al citado Tinture.
Dentro de la ornamentación del edificio sobresale de
forma especial su portada principal, la más compleja desde el punto de vista
estructural e iconográfico de la arquitectura civil jerezana del setecientos.
La erosión de la piedra no permite entrar en muchas precisiones pero pensamos
que los detalles escultóricos no están muy alejados de la línea estilística de
Vacaro.
Ilustración
3: Detalle de la portada principal del Palacio Bertemati de Jerez (atrib.
a Jacome Vacaro, c. 1769-1772).
Por último, habría que reseñar los importantes
trabajos en piedra que lleva a cabo en la entonces Colegial. Así, en 1778 se encarga de esculpir, junto a la propia
sillería, los muros exteriores del coro,
hoy inconexos y fuera de su lugar original, donde destacan varias cabezas
aladas. Pero mayor interés ofrece la portada
de la sacristía, donde el artista dejó unos de los ejemplos más sobresalientes
de su producción, dando lugar a unas figuras de gran monumentalidad gracias a
su corrección y rotundidad de formas. Iniciada en 1782, no fue terminada hasta
1798, debido quizás a algunos contratiempos que debieron de alargar su
conclusión. Así, se sabe que el trabajo incluyó “unas rafagas y un espiritu santo, dos angeles, quatro remates y otros
golpes de talla”, que darían un aspecto más barroco al conjunto pero que
los nuevos gustos academicistas llevaron a su eliminación final [79].
Ilustración
4: Detalle de Cristo en el relieve de “La Ascensión” de la
portada de la sacrístía de la Catedral de Jerez (Jacome Vacaro, 1782 -1798).
Creemos lógico que no fueran éstas sus únicas labores
en este material para este templo. De este modo, se ha relacionado con él las
esculturas de los Padres de la Iglesia
del exterior de la cúpula[80]. Sin
embargo, nos resultan muy discretas de ejecución y ni siquiera en su
composición general, muy estática y de escasa plasticidad, ni aún en los
pormenores, vemos personalmente el estilo del genovés. Por el contrario, en el
interior, están mucho más próximos a su cincel los relieves de los evangelistas que se localizan en las pechinas.
Finalmente, y volviendo al exterior, nos parecen también suyos los arcángeles que rematan los cilindros de
las escaleras de caracol de la zona trasera del templo.
3.3. LAS OBRAS EN MADERA.
3.3.1. Documentadas.
·
“Composición” de los gigantes de la procesión
del Corpus de Jerez (1757).
A pesar de lo modesto del trabajo, su interés radica
en ser el primer testimonio de su actividad profesional hasta el momento. El
Ayuntamiento jerezano es quien le encarga el arreglo de estas particulares
figuras. Recibió por esta labor 60 reales el 30 de Mayo de 1757[81].
·
Dios Padre del retablo mayor de la Parroquia
de Santiago de Jerez (1758).
Esta desaparecida pieza sirvió de remate al retablo
que iniciara en 1750 Francisco Camacho de Mendoza. En 1759 fue policromada por el
hijo de éste, Bartolomé Diego Camacho de Mendoza[82].
·
Cristo de la Flagelación de la hermandad
de la Amargura de Jerez (1759).
Es quizás su obra más conocida debido a su actual
función procesional. Fue destinada a presidir el retablo en el que actualmente
se venera la Virgen de Belén en la Catedral jerezana. Por una inscripción que
posee la columna original se sabe, además de la autoría y fecha de ejecución,
el nombre del comitente, el canónigo Francisco Gutiérrez de la Vega[83].
Como se verá, este personaje también financió el retablo de San Pedro del mismo
templo, de ahí que se venga defendiendo que la autoría de la arquitectura y la
escultura de ambos retablos corresponde a Vacaro.
·
Sillería de coro de la Catedral de Jerez
(1778).
Iniciada en 1757 por el
ensamblador Bernardo Serrano, quien se cree que hace las sillas bajas, fue
completada en 1778 con motivo de la inauguración del templo por nuestro
escultor, que asimismo, como hemos dicho, labra los muros sobre los que se
asentaba originariamente[84].
Aunque el proyecto original debió de quedar inacabado, ya que sólo once de las
sillas altas ostentan relieves, se trata de una sus obras de mayor interés.
Ya se indicó la existencia de
libros en el obrador del artista; en ellos no debieron de faltar grabados que,
con cierta probabilidad, servirían de inspiración para construir las distintas
escenas. Así, por ejemplo, “Las Tentaciones de Cristo” podría partir de una
estampa de Hieronymus Wierix en “Evangelicae
Historiae Imagines” de Jerónimo Nadal o “La Anunciación” de los también difundidos
modelos de Cornelis Cort. Pero más allá de la mera copia, se crean hábiles
composiciones adaptadas con cierta naturalidad al enmarque moldurado mixtilíneo
que las cobija. La mayoría de los relieves se resuelven con plasticidad y
corrección, aunque percibimos una mayor dureza de acabado en “La Visitación”,
en especial en el segundo plano y el fondo, siendo muy posible que fuera
ejecutada por el taller. En este sentido, hay que apuntar que se ha planteado
la intervención de Pedro Vacaro en alguno de estos medallones[85].
Donde, por el contrario, no cabe duda que trabajaría personalmente su padre es
en uno de los más bellos y delicados del conjunto, el de “La Huida a Egipto”,
por el que se sabe que cobró 300 reales.
Ilustración
5: “Huida a Egipto” de la
sillería de coro de la Catedral de Jerez (Jacome Vacaro, 1778).
Ilustraciones 6
y 7: Detalles de la sillería de coro de la
Catedral de Jerez (Jacome Vacaro, 1778).
·
Baldaquino
de la Colegial (1778).
El 24 de Mayo de 1778 se presenta en el cabildo
colegial un diseño de Torcuato Cayón de la Vega para el “cogollo” o baldaquino
del altar mayor de la nueva iglesia Colegial. Para su construcción se aprueba
un presupuesto de 16.000 reales presentado por el genovés. Al propio imaginero
se le encargó su dorado[86].
Pero, como hemos podido comprobar documentalmente, para efectuar esta labor Vacaro
subcontrató al dorador jerezano Francisco Correas, quien se obliga a dorarlo el
día 23 de Julio de 1778 por 8.000 reales de vellón, debiendo concluirlo el 1 de
noviembre de ese mismo año[87].
El desaparecido conjunto se adornaría con un grupo de
imágenes formado por el Salvador, titular del templo, los cuatro doctores de la
Iglesia y ocho ángeles para el remate. Parecen quedar algunos restos del mismo,
como los ángeles que en la actualidad están en la capilla del Sagrario, obras
endebles, donde habría que ver las manos de los colaboradores, que sin duda
existirían en un trabajo que se hizo con celeridad y simultáneamente a la obra
de la sillería. De la imagen primitiva del Salvador se hizo una réplica en
mármol para coronar el nuevo templete de mármol que lo sustituyó, diseñado por
el arquitecto Francisco Hernández-Rubio, con esculturas de Angelo Rocca y
concluido en 1907, que a su vez también terminaría retirándose décadas después[88]. Hoy
se conserva en el patio de los Naranjos de la Catedral y reproduce fielmente el
estilo de Vacaro en la talla del cabello e incluso en el drapeado de su
indumentaria, con detalles como el característico y pronunciado pliegue que el
artista solía poner en el centro del cuello de las túnicas de algunas de sus figuras.
·
Inmaculada
de la Catedral (1779).
El conjunto se completaría al año siguiente con la
talla de la Inmaculada Concepción, que aún se conserva en el actual presbiterio
de la misma iglesia[89]. Su
policromía, que parece la original, de gran sobriedad, es uno de los más
tempranos ejemplos jerezanos en los que se siguen los postulados academicistas.
·
Virgen de
la Defensión para la Cartuja (hacia 1790).
La noticia sobre su realización fue aportada por
Hipólito Sancho. Concretamente, consta que en 1790 se acababa de hacer para
este monasterio una imagen mariana por “el
escultor Jacome”, que cabe identificar con nuestro artista[90]. De
hecho, este testimonio concuerda con el que suministra Antonio Ponz, quien en
1792 escribe que en el retablo mayor había “una
nueva estatuita de Nuestra Señora, executada por un Profesor Italiano
establecido en Xérez”[91].
Aunque Sancho de Sopranis insistió en diversas
ocasiones en la identificación de esta obra, en paradero desconocido, con la
que poco después vino a sustituirla, tallada por José Esteve Bonet en 1794, no
cabe la menor duda de lo erróneo de esta teoría. Es más, el valenciano Esteve
repitió el mismo modelo con leves variantes en otras de sus interpretaciones
del mismo tema de la Virgen con el Niño, caso de las vírgenes de la Merced de
los conventos mercedarios de Palma de Mallorca, también de 1794, y Toledo, de
1800[92].
·
El Buen
Ladrón (1801).
Aparece
citado en su testamento del 26 de Septiembre de 1801, aunque por desgracia no
se especifica su destino[93].
Patrón Sandoval y Espinosa de los Monteros interpretan que esta imagen pudo
ejecutarse para el misterio de la Lanzada de la antigua hermandad jerezana de
las Cinco Llagas[94]. Sin embargo, no tenemos
ninguna referencia de la existencia de una talla de este santo en la misma ni
de un misterio de tal envergadura para acogerlo. Se trata de una representación
escultórica poco frecuente, de las que apenas nos quedan ejemplos de esta época
en la zona. Una excepción es el San Dimas que se venera en el Oratorio de San
Felipe Neri de Cádiz, obra cuya pose, anatomía y talla de la cabeza nos resulta
muy cercana a las vistas en otras piezas de Vacaro o su posible círculo, por lo
que proponemos una posible identificación con la escultura mencionada en el
referido testamento [95].
Ilustración
8: San Dimas del Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz (atrib. a Jacome Vacaro,
c. 1801).
Autor de la foto: Jesús
Guerrero Alba (http://www.pasionygloria.net).
3.3.2. Atribuciones.
Nos hallamos ante un
capítulo complejo, como ya advertimos al hablar del estilo de Vacaro. Las
dificultades que entraña lo diverso de su obra y la posibilidad de que algunas
de las piezas de las que a continuación hablaremos puedan pertenecer a su
círculo, nos lleva a ser cautos a la hora de exponer nuestras propuestas. Por
tanto, sirvan las siguientes líneas como un nuevo acercamiento al problema de
la obra del escultor genovés y su hipotético entorno artístico.
La intensa actividad del
artista para la decoración escultórica de la Colegial jerezana y las estrechas
relaciones con sus canónigos son razones de peso para vincular con él y su
taller un conjunto de tallas de este templo, hoy Catedral, donde ejerció
también como retablista. De este modo, se han vinculado con él los retablos de
la Virgen de Belén, que en un principio presidía el Cristo de la Flagelación,
el del Beato Diego José de Cádiz, originariamente de San Juan Nepumoceno, y el
de San Pedro[96]. La imaginería de estos
dos últimos, a pesar de no estar documentada ni firmada, creemos que se le
puede asignar con acierto. Su estudio además nos ha servido para establecer
afinidades con otras obras de este posible círculo.
Del retablo de San Pedro (1765) contamos con
algunos datos. Como indica Repetto Betes, su promotor fue el mismo que costeó
años antes la talla del Cristo de la Flagelación y con mucha seguridad el
retablo que lo cobijaba, el canónigo Francisco Gutiérrez de la Vega[97]. En
efecto, así se señala en su codicilo, fechado el 25 de febrero de 1764, donde
manda que a su muerte la venta de los bienes muebles de su casa y el residuo de
su prebenda sirvieran “para el adorno de unas de las capillas de la nave de
las Animas y se haga un retablo en una de ellas para el Principe de los
Apóstoles que de Pontifical en su silla ocupe el primer tabernaculo de en medio
y en sus lados entre las columnas de dicho retablo el apostol San Pablo a un
lado y a el otro San Bartholome por la especial devocion que les tengo y
pudiendose acomodar en el remate de dicho retablo la Imagen del Señor San
Andrés se executara assi”[98]. Unas
indicaciones que, en líneas generales, se siguieron en la obra final, con la
novedad de incluir a los santos patronos de la ciudad (San Dionisio y los
Santos Mártires de Asta) en vez de la figura de San Andrés. Destaca la imagen de San Pedro, poseyendo las
laterales un acabado más discreto, tal vez por la intervención del taller,
aunque nos parece innegable la huella de Vacaro pues sus cabezas siguen modelos
que volvemos a ver en los relieves de la sillería del coro catedralicio.
El tratamiento del cabello
de San José y Jesús en los relieves de la sillería y de dichos Santos Mártires
de Asta, así como la forma de construir la barba de Cristo en la portada de la
sacristía y las facciones del rostro del San Pedro que preside el referido
retablo remiten, desde nuestro punto de vista, a una de las mejores piezas de
estética genovesa que se conserva en Jerez: Nuestro Padre Jesús del Consuelo, de la cofradía del Transporte[99]. Resulta elocuente comprobar en ella que el
modelado de las manos posee la particular descripción de las venas comentada
arriba y que se repite de forma prácticamente idéntica en una obra que viene
siendo aceptada como suya, el San José
de la Parroquia de Santiago[100],
pero también en el Cautivo de la iglesia
de la Victoria de Puerto Real, reciente y, creemos, afortunada atribución
de Espinosa y Patrón[101]. Lo
mismo puede decirse del Cristo de la
Columna de la hermandad del Castillo de Lebrija, adquirido en 1771, que
insiste incluso en el mismo modelo físico de la imagen jerezana[102]. En
estrecha relación con las tallas anteriores, repitiendo todas ellas con
exactitud el pormenor de las manos y otras características del estilo de
Vacaro, estarían: el San José y el San
Joaquín del retablo mayor de la
parroquia de la O de Sanlúcar de Barrameda, el San José de la parroquia de Santo Domingo de Bornos, el San José de la iglesia de la Caridad de
Arcos de la Frontera, el Ecce-Homo
de la hermandad del Mayor Dolor de Jerez, a pesar de la transformación que
en el siglo XX enmascaró su cabeza[103], el
San Carlos Borromeo de la jerezana
Parroquia de San Juan Bautista de los Descalzos, la figura masculina del
grupo de San Joaquín, Santa Ana y la
Virgen Niña de la local Basílica del Carmen, uno de los más interesantes
conjuntos que pudieron salir de su obrador, o el San José con el Niño y el Santiago y el San Cayetano del
sagrario de la jerezana iglesia de
San Dionisio.
La última de las indicadas, que incluso repite el
rasgo tan poco habitual de la frente fruncida del cristo mercedario, preside un
retablo del jerezano Andrés Benítez. Esto nos lleva a una cuestión en la que
queremos insistir en este artículo: el posible trabajo de Vacaro o su círculo
en la imaginería de ciertas obras de este retablista, ejecutadas todas ellas en
los años sesenta del siglo XVIII y donde se percibe el sello de los escultores
genoveses, ofreciendo en concreto unos rasgos muy cercanos a piezas
documentadas del propio Vacaro. Nos estamos refiriendo al apartado escultórico
del retablo del Rosario de la Parroquia
de Santa María de Arcos y del de la portada
del Rosario de los Montañeses del Convento de Santo Domingo de Jerez, ambas
de 1764, y en la misma ciudad de parte de la imaginería del retablo mayor de San Mateo
(1766), sobre todo, las tallas de San Pedro y San Pablo, que parecen obras de
taller, y del santo titular del templo, y parte de la escultura del retablo del Sagrario de San Dionisio (1767), en especial, la citada imagen de
San Cayetano y el excelente santo apóstol de una de las hornacinas laterales. En
este sentido, no debe olvidarse la actividad por estos años de sus amigos los
también genoveses Vicente y Bernardo Cresci como oficiales de Benítez[104].
Es probable también la colaboración con otros
retablistas. En este punto queremos llamar la atención sobre la cercanía
estilística con la imaginería del referido
retablo mayor de la parroquia de la O de
Sanlúcar de Barrameda (1767), cuya arquitectura ha sido atribuida a uno de
los principales retablistas afincados en Cádiz por esta época, Gonzalo Pomar,
artista que también participó algunos años antes en la construcción del
gaditano Triunfo del Rosario[105].
Volviendo al primer templo jerezano, del retablo del Beato Diego José de Cádiz
no tenemos ninguna noticia documental. Ya mencionamos sus tallas de San Carlos
Borromeo y San Felipe Neri. Procedente de él, son las del antiguo titular, hoy
en la exposición permanente de la Catedral, y las de San Cayetano y San
Francisco Javier, últimamente en la capilla del Sagrario. Todas ellas
participan del sello del taller de Vacaro. La de San Cayetano muestra unas
facciones que nos vuelven a recordar a imágenes como Jesús del Consuelo pero también a otras jerezanas muy destacables
que consideramos cercanas al genovés o su círculo: la Virgen de los Dolores de la hermandad de las Tres Caídas y el Cristo de la Buena Muerte de la capilla de
San Juan de Letrán. Como defiende Pina Calle, ambas pertenecieron a la
hermandad del Nazareno y se realizarían por un mismo autor. Aunque se ha puesto
en relación con escultores genoveses de la ciudad de Cádiz, no puede desdeñarse
que se crearán en este círculo jerezano[106]. La
barba del crucificado tiene detalles que se repiten en el San Cayetano, como el
estrecho bigote y una sucesión de pequeños mechones bajo las mejillas, mientras
que su torso no se encuentra muy distante del que vemos en el Cristo de la
Flagelación o los ángeles atlantes de Villapanés. Asimismo, el modelado de la
nariz es de gran proximidad en su perfil al de piezas como el San José de la Catedral. Esta última
obra, pese a su discreto acabado y la posible intervención del taller, nos
parece innegable que sigue el estilo de Vacaro[107].
La citada imagen mariana parece estar emparentada
además con ciertas dolorosas que se hallan fuera de Jerez: la muy transformada Virgen de Gracia y Esperanza de San
Fernando, ya atribuida por Patrón y Espinosa, aunque sin compararla con la
Virgen de los Dolores, con la que mantenía estrechas similitudes en su estado original,
la primitiva titular de la hermandad del
Santo Entierro de la misma localidad, hoy en dependencias del convento
isleño del Carmen, y la Virgen de los
Dolores de la cofradía de Los Judíos de Huelva[108].
A la lista de propuestas, reconocemos que ya bastante
extensa, podría añadirse otras esculturas de estética genovesa y presumible
proximidad a Vacaro. En Jerez, el San
Juan de la iglesia de los Remedios[109]; el
San Rafael de la iglesia de la Santísima Trinidad y el de la iglesia de San Lucas;
el San Gabriel y San Rafael del
retablo de San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña de la Basílica del Carmen; el
grupo de la Santísima Trinidad de la iglesia del Espíritu Santo; los ángeles lampareros de la iglesia del Convento de San José, de Santa
María de Gracia y del altar del Sagrario de Madre de Dios;
el San Blas de la cofradía del Desconsuelo; o el Dulce Nombre de Jesús
de la actual hermandad de la Oración en el Huerto. Recordemos que sobre
este último intervino Pedro Vacaro en 1803, desconociéndose cuál sería el
alcance de su restauración. Sea como sea, las cuentas de la antigua cofradía
del Dulce Nombre demuestran, en primer lugar, que en mayo de 1776, tras haberse
roto la antigua, se hizo una cabeza nueva para esta imagen por valor de 240
reales y que, años después, en Marzo de 1780 se había gastado 900 reales en un Niño Jesus nuebo con Peana dorada[110],
que pensamos que debe corresponder con el actual. La cronología y la posterior
restauración por parte de Pedro pueden fundamentar la atribución a los Vacaro,
que es ya sugerente desde el punto de vista formal.
Ilustración
9: Dulce Nombre de Jesús de la Hermandad
de la Oración en el Huerto (atrib. a Jacome Vacaro, 1780. Restaurada por
Pedro Vacaro, 1803).
Finalmente, del entorno jerezano citamos el San José de la parroquia de San Francisco
de Alcalá de los Gazules (anterior a 1787)[111], los ángeles lampareros de la iglesia de Santo
Domingo y el Niño Jesús de la
iglesia del convento de las Descalzas de
Sanlúcar y el San Nicolás de Bari y
el San Francisco de Paula de la iglesia
del Convento de las Concepcionistas de Lebrija.
- Otras obras atribuidas.
Una noticia antigua pero
controvertida es la que hace a Vacaro autor de parte del Calvario de la Santa Cueva de Cádiz (1783). Se debe a un
contemporáneo del escultor, el Conde de Maule. Han sido múltiples las
interpretaciones sobre esta autoría. Nosotros, junto a la uniformidad formal
del conjunto, observamos un estilo diferente al de nuestro escultor, por lo que
nos decantamos por creer que hay algún tipo de error en esta información[112].
Hipólito Sancho recoge en su artículo sobre “Jacome Vaccaro en Cádiz” algunas
atribuciones[113]. Algunas podrían ser
aceptadas, como la Inmaculada de la
Iglesia Prioral de El Puerto y Nuestra
Señora del Socorro de la Parroquia de San Miguel de Jerez, que por su
severa policromía deben de ser ya tardías y que poseen una muy evidente
conexión entre sí. Otras, sin embargo, nos resultan menos atinadas. Así, las tallas de San Cristóbal de la iglesia de la Divina Pastora de Cádiz, que se
adjudica certeramente a Benito Hita del Castillo[114], y de la parroquia de Santiago de Jerez, más
bien obra del siglo XVII[115].
Igualmente, cita otra imagen de este santo en el convento portuense del
Espíritu Santo, al parecer procedente del desaparecido convento jerezano de San
Cristóbal y cuyo paradero actual desconocemos. Asimismo, menciona como suyo el
hoy desmembrado coro de la jerezana
iglesia de San Lucas basándose en un supuesto testimonio contemporáneo al
artista, cuya procedencia no cita.
Repetto Betes, que incluye este coro dentro de su
producción, menciona asimismo una pequeña Inmaculada
de una colección particular, que no nos ha sido posible estudiar, además de
un San José y un San Pedro de la
parroquia de Trebujena y el Niño
Jesús del facistol de la Catedral de Jerez, en los que no terminamos de ver
la gubia de Vacaro[116].
Por su parte, los hermanos Alonso de la Sierra le
atribuyen el San José de la iglesia de
San Agustín de Arcos de la Frontera, en el que, personalmente, tampoco observamos su impronta[117].
Lo mismo podríamos decir de la cabeza
del titular de la hermandad del Santo Entierro de Huelva, asignada
recientemente al genovés por Jesús Abades y Sergio Cabaco[118].
Entre las
atribuciones realizadas por Espinosa de los Monteros y Patrón Sandoval
encontramos los grupos de la Virgen del
Carmen y de la Sagrada Familia de la iglesia de San Francisco de Tarifa y
la Divina Pastora del convento de
Capuchinos de Jerez, respecto de las cuales mantenemos ciertas dudas. Desde
nuestro punto de vista, menos clara aún es la autoría de Vacaro o su
círculo sobre el conjunto de obras
gaditanas que estos autores le adjudican: la Virgen de la Misericordia de Savona del Convento del Carmen, en
paradero desconocido y por tanto de difícil estudio mediante poco precisas
fotografías; el grupo de San Nicolás de
Tolentino de la iglesia de San Agustín; todo el conjunto de piezas que
relacionan con él en el oratorio de San
Felipe de Neri, del que casualmente olvidan el ya referido San Dimas; y el San Pelegrín de la Catedral.
Igualmente, creemos que no hay suficiente base para atribuirle el San José de la iglesia isleña de la Pastora,
cuya apariencia actual debe mucho, además, a una intensa y desafortunada
transformación reciente. Por último, no vemos tampoco su mano en la dolorosa de la capilla jerezana de los Remedios,
aunque sí coincidimos con estos autores en la dudosa asignación al propio
Vacaro de la Virgen del Perpetuo Socorro
de la hermandad del Perdón de la misma ciudad, aunque no descartamos que
sea obra de su círculo[119].
4. OBRAS DE OTROS ESCULTORES
GENOVESES.
No queremos terminar
este repaso por el legado artístico dejado por los imagineros genoveses en la
ciudad sin citar varias tallas que, sin ser vinculables a Jacome Vacaro o su
entorno, sí recuerdan al estilo de otros compatriotas afincados en Cádiz durante
el siglo XVIII. Nos referimos al San
Antonio de Padua de la antigua
capilla de la Orden Tercera de la iglesia de San Juan Bautista de los Descalzos
y un busto de Ecce-Homo conservado en la
Parroquia de San Pedro. El primero es una pieza muy cercana a Francesco
Galleano y Antonio Molinari, imagineros curiosamente fallecidos en fechas
anteriores a los primeros trabajos de Vacaro en Jerez[120]. En
especial, el rostro del santo está en la línea de diferentes piezas adjudicadas
a Galleano, como el San Miguel de la gaditana iglesia de San Juan de Dios,
mientras que la figura del Niño recuerda a los que vemos en una serie de
imágenes de San José que Sánchez Peña considera próximos a ambos escultores[121].
Pese a poseer menor calidad y hallarse rehecha su policromía, más clara es la
relación de Molinari con el referido Ecce-Homo, cuya cabeza repite con cierta
precisión, sobre todo en la talla del cabello, la del San José de la Sagrada
Familia de la iglesia de San Agustín de Cádiz.
No
muy alejado de lo genovés es un crucificado
de la iglesia de San Juan de los Caballeros, en los últimos años venerado
en la antigua capilla de las Ánimas. En algunos detalles, como la sangre en
relieve, recuerda al Cristo del Amor del Convento de las Capuchinas de El
Puerto[122]. No obstante, ciertas
singularidades no nos hacen descartar para esta peculiar obra otro origen,
ajeno desde luego a la estética andaluza y española.
[1] Una obra de consulta obligada es:
SÁNCHEZ PEÑA, José Miguel: Escultura genovesa. Artífices del Setecientos en
Cádiz. Cádiz, 2006. Este estudio amplía y actualiza un trabajo anterior:
ARANDA LINARES, C., HORMIGO SÁNCHEZ, E. y SÁNCHEZ PEÑA, J. M.: Scultura lignea genovese a Cadice nel
settecento (opere e documenti). Biblioteca Franzoniana. Génova, 1993.
[2] Por ejemplo en: PONZ, Antonio: Viage de España. Vol XVII. Madrid, 1792,
p. 277. CRUZ Y BAHAMONDE, Nicolás de la (Conde de Maule): Viage de España, Francia, é Itália, Cádiz, 1813, vol. 13, p. 222.
[3] SANCHO DE SOPRANIS, Hipólito:
“Nuestra Señora de la Defensión, identificación de su autor”, Guión, n° 17, Jerez de la Fra., 1935,
pp. 9-11; IDEM: “Papeletas para una serie de artistas regionales” (primera
serie), Guión, n° 18, Jerez de la
Fra., 1935, p. 18. MARTÍN, Eduardo y SANCHO, Hipólito R.: Documentos para la historia artística de Cádiz y su región. Cuaderno I.
Sociedad de Estudios Históricos Jerezanos. Larache, 1939, pp. 13 y 15; Filargo:
“Artistas jerezanos poco conocidos”, Mundo
Ilustrado, nº 84, Madrid, 1941, s/p.; SANCHO DE SOPRANIS, H.: “El Maremoto
de 1755 en Cádiz”, Archivo Hispalense,
nº 74, Sevilla, 1955, p. 174; IDEM: “Apuntes para una historia del arte en
Cádiz. Jacome Vaccaro en Cádiz. Trabajos que de él restan”, La Información del Lunes, Cádiz, 24 de
Febrero, 3 y 10 de Marzo de 1958.
[4] REPETTO BETES, José Luis: La obra del templo de la Colegial de Jerez
de la Frontera. Diputación Provincial de Cádiz. Cádiz, 1978, pp. 245-250.
[5] JÁCOME GONZÁLEZ, José: “La última
voluntad del escultor Jácome Báccaro y Lupi (I)”, suplemento “Cofrade”, Jerez Información, Jerez de la Fra., 29
de noviembre de 1998, p. VII; IDEM: “La última voluntad del escultor Jácome
Báccaro y Lupi (II)”, suplemento “Cofrade”, Jerez
Información, 6 de Diciembre de 1998, p. VII.
[6] PATRÓN SANDOVAL, J. A. y ESPINOSA DE
LOS MONTEROS SÁNCHEZ, F.: “La obra del escultor genovés Jacome Baccaro para la
iglesia parroquial de San Francisco de Tarifa (I)”, Aljaranda, nº 67, Tarifa, 2007, pp. 30-38; IDEM: “La obra del
escultor genovés Jacome Baccaro para la iglesia parroquial de San Francisco de
Tarifa (y II)”, Aljaranda, nº 68,
Tarifa, 2008, pp. 17-27; IDEM: “Aproximación a un estudio de la vida y obra del
escultor Jacome Baccaro”, Revista de
Historia de Jerez, nº 14/15, 2009, Jerez de la Fra., pp. 365-385.
[7] Ya hicimos una primera y parcial
aproximación al tema, que ahora ampliamos y corregimos, en: MORENO ARANA, J.
M.: “La imaginería en las hermandades lebrijanas del Barroco”, IX Simposio sobre Hermandades de Sevilla y
su provincia, Fundación Cruzcampo, Sevilla, 2008, pp. 46-51.
[8] PATRÓN SANDOVAL, J. A. y ESPINOSA DE
LOS MONTEROS SÁNCHEZ, F.: “La obra… (y II)” (op. cit.), pp. 21-22; IDEM:
“Aproximación…” (op. cit.), p. 369.
[9] El expediente matrimonial se ha
consultado en: Archivo General del Arzobispado de Sevilla (en adelante: A.G.A.S.),
fondo Arzobispal, sección Vicaría General, serie Matrimonios Ordinarios, leg.
826. El testamento se encuentra en: Archivo Histórico Municipal de Jerez de la
Frontera (en adelante: A.H.M.J.F.), sección Protocolos Notariales, legajo 2839,
oficio II, escribano Antonio Cerrón, año 1785, f. 760.
[10]
REPETTO BETES, J. L.: op. cit., pp.
245-246.
[11] No hemos hallado ningún documento en
el que sea nombrado ni aparezca firmando con la doble “c” de “Vaccaro” o
“Baccaro”, empleados hasta ahora por la historiografía buscando la correcta trascripción
del italiano.
[12] La documentación localizada, que nos
ha permitido conocer la edad de ambos, nos lleva a descartar nuestra anterior
propuesta recogida en: MORENO ARANA, J. M: “La imaginería…” (op. cit.), p. 49.
[13] PATRÓN SANDOVAL, J. A. y ESPINOSA DE
LOS MONTEROS SÁNCHEZ, F.: “La obra… (y II)” (op. cit.), p. 22; IDEM:
“Aproximación…” (op. cit.), p. 366-368.
[14] Sobre Mayo pueden citarse: ALONSO DE LA SIERRA
FERNÁNDEZ, Lorenzo y Juan: El Nazareno de Santa María:
cuatro siglos de arte en Cádiz. Unicaja, Cádiz, 1991, p. 173. ARANDA LINARES, C.,
HORMIGO, E. SÁNCHEZ y SÁNCHEZ PEÑA, J. M.: Scultura…
(op. cit.), pp. 86-88. PATRÓN
SANDOVAL, J.A. y ESPINOSA DE LOS MONTEROS SÁNCHEZ, F.: “Apuntes sobre la
imaginería procesional tarifeña. Siglo XVIII (I)”, Revista de Estudios Tarifeños “Aljaranda”, n° 58, Tarifa, 2005, pp.
16-23. ABADES, Jesús: La obra de los imagineros genoveses y su
presencia en Andalucía (IV). Francesco Maria Maggio (http://www.lahornacina.com/articulosgenoveses4.htm). SÁNCHEZ
PEÑA, J. M.: Escultura genovesa… (op.
cit.), pp. 152-161.
[15] Sobre José de Mendoza ver: RÍOS
MARTÍNEZ, Esperanza de los: “José de Mendoza, autor de las esculturas de la
puerta mayor y colaterales de la Catedral de Jerez de la Frontera”, Archivo Español de Arte, n.° 285, CSIC,
Madrid, 1999, pp. 38-52.
[16] REPETTO BETES, J. L.: op. cit., p.
247. Para evitar continuas reiteraciones, remitimos a esta cita a la hora de
mencionar los diferentes periodos correspondientes a los sucesivos domicilios
del artista.
[17] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 2623, oficio XI, escribano Alonso Romero Carrión, año 1760, ff.
58-59.
[18] A.H.M.J.F., sección Estadística y
Elecciones, Padrones, vol. 1, f. 368.
[19] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 2668, oficio IV, escribano Pedro Caballero Infante, año
1767, ff. 25-29.
[20] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 2677, oficio V, escribano Cristóbal González, año 1767, ff.
340-343.
[21] A.H.M.J.F., Sección Estadística y
Elecciones, Padrones, vol. 3, año 1771, f. 12v.
[22] Esta escritura y la referencia a la
anterior en: A.H.M.J.F., sección Protocolos Notariales, legajo 2722, oficio IV,
escribano Pedro Caballero Infante, año 1773, f. roto.
[23] A.H.M.J.F., sección Estadística y
Elecciones, Padrones, vol. 3, año 1775, ff. 17v y 19.
[24] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 2761 bis, oficio IV, escribano Pedro Caballero Infante, año
1777, f. 234.
[25] Esta escritura de declaración y la
referencia a la de compra en: A.H.M.J.F., sección Protocolos Notariales, legajo
2779, oficio XXII, escribano Manuel Morales Romero, año 1778, ff. 393-394.
[26] Ambas escrituras en: A.H.M.J.F.,
sección Protocolos Notariales, legajo 2785 bis, oficio IV, escribano Pedro
Caballero Infante, año 1778, f. roto.
[27] TRILLO Y BORBÓN, Juan: Libro en donde están apuntadas todas las
novedades acaecidas en esta ciudad de Xerez de la Frontera desde el año 1753
[…]. Imprenta de Melchor García Ruiz, Jerez de la Fra., 1890, p. 20.
[28] La referencia a este Real Despacho
en: A.H.M.J.F., Actas Capitulares, año 1781, f. 119. Para la obtención del
mismo, el año anterior otorga un poder a Antonio Fernández Godoy, procurador
vecino de Madrid (A.H.M.J.F., sección Protocolos Notariales, legajo 2788,
oficio IV, escribano Pedro Caballero Infante, años 1779-1781, 1779/X/28, f. 325).
Ver también, aunque hay confusión con la petición que a continuación citaremos:
MUÑOZ Y GÓMEZ, Agustín: Noticia Histórica
de las Calles y Plazas de Xerez de la Frontera. Jerez de la Fra., 1903, pp.
51-52.
[29] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 2839, oficio II, escribano Antonio Cerrón, 1785/VIII/8, ff.
638-650.
[30] A.H.M.J.F., Actas Capitulares, año
1780, ff. 27, 59v-65v, 338, 379 y 471. Referencias a Baamonde y Vargas pueden
verse,
respectivamente,
en: AROCA VICENTI, Fernando: De la ciudad de Dios a la ciudad de Baco. La
arquitectura y urbanismo del
vino de
Jerez (siglos XVIII-XX). Cuadernos de Sirio, nº 2, Remedios 9 Ediciones, Jerez de la Fra., 2007,
pp. 109-110. MORENO
ARANA, J. M.:
“Aportaciones al estudio de la arquitectura civil del siglo XVIII en Jerez de
la Frontera: el Palacio Villapanés”,
Laboratorio
de Arte, nº 20,
Sevilla, 2007, p 174.
[31] JÁCOME GONZÁLEZ, José: “La última…
(I)” (op. cit.).
[32] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 2844, oficio XXII, escribano Manuel de Morales, año 1786, f.
235.
[33] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 2844, oficio XXII, escribano Manuel de Morales, año 1787,
ff. 124-139.
[34] Documento referido en: A.H.M.J.F.,
sección Protocolos Notariales, legajo 3025, oficio V, escribano Cristóbal González
Barrero, año 1802, ff. 637v-638.
[35] AROCA VICENTI, F.: Arquitectura y Urbanismo en el Jerez del
siglo XVIII. Jerez de la Fra., 2002, 245, nota 126.
[36] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 2761 bis, oficio IV, escribano Pedro Caballero Infante, años
1776-1777, 1777/VIII/30, f. 229.
[37] JÁCOME GONZÁLEZ, José: “La última…
(II)” (op. cit.).
[38] Archivo Histórico Provincial de
Sevilla (en adelante: A.H.P.S.), sección “Real Audiencia”, legajo 555/7.
[39] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 2761 bis, oficio IV, escribano Pedro Caballero Infante, años
1776-1777, 1777/VII/17, f. 135.
[40] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 2788, oficio IV, escribano Pedro Caballero Infante, año
1779-1781, 1779/I/12, f. 13.
[41] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 2932, oficio XXII, escribano Manuel de Morales, 1794/VII/21,
f. 196.
[42] REPETTO BETES, J. L.: op. cit., p.
247, nota 1.
[43] JÁCOME GONZÁLEZ, José: “La última…
(I)” (op. cit.).
[44] Como oficial de este arte lo
encontramos en el padrón municipal de 1779, señalándose además que vivía en la
calle Limones, era soltero y tenía 18 años (A.H.M.J.F., sección Estadística y
Elecciones, Padrones, vol. 4, año 1779, f. 169). La identificación como hermano
de María del Carmen de la Escalera la basamos en la lectura del testamento del
padre de ambos, Marcos de la Escalera y Guerrero (A.H.M.J.F., sección
Protocolos Notariales, legajo 2761 bis, oficio IV, escribano Pedro Caballero Infante,
año 1777, ff. 204-205).
[45] Sobre los matrimonios de sus hijos:
REPETTO BETES, J. L.: op. cit., p. 247, nota 1.
[46] Al igual que en el caso de Diego de
la Escalera, aunque con un mayor número de datos, remitimos a la reseña
biográfica de Wiersich en: MORENO ARANA, J.M.: La Policromía en Jerez de la Frontera durante el siglo XVIII,
Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 2010, pp.
163-165.
[47] Como tal figura en el padrón
municipal de 1806. Vivían precisamente en la calle Cazorla Baja: A.H.M.J.F.,
sección Estadística y Elecciones, Padrones, vol. 6 bis, año 1806, s/f.).
[48] En concreto, platero de oro, como
queda reflejado en su expediente matrimonial. Por este documento hay constancia
de que era natural de Lisboa, hijo de Antonio José da Costa Grogueira y Ana
Josefa, ya fallecidos, y de 30 años. Afirma no tener parientes en Jerez, ciudad
en la que residía desde hace unos meses, si bien antes había sido vecino de
Cádiz durante trece años. Como testigos
aparecen Joaquín de los Santos y Pedro Agustín Rivero. Éstos eran también
portugueses y del mismo oficio, apuntándose que los tres residían en el
jerezano convento de Santo Domingo, donde se encontraban haciendo unos trabajos
(A.G.A.S., fondo Arzobispal, sección Vicaría General, serie Matrimonios
Ordinarios, leg. 880).
[49] Al margen de lo que se especifica en
sus testamentos, hay más noticias al respecto. De esta manera, sabemos que en
1784 dos genoveses vecinos de Cádiz, Antonio Rivera y Carlos Guillon,
fabricantes de fideos, le otorgan poderes para cobrar ciertas cantidades de
dinero (A.H.M.J.F., sección Protocolos Notariales, legajo 2836, oficio
IV, escribano Pedro
Caballero Infante, años 1784-1785, 1784/V/27, f. 123 y
1784/V/28, f. 130).
[50]A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 3011, oficio VII, escribano Manuel de Sousa y Carrillo, año 1801, ff.
314-319, 354-355 y 683-688. La información que aportan es básicamente la misma, con algunas
variantes, como el hecho de establecer que no se contaran en el reparto de la
herencia las legítimas de sus hijos. El último testamento aparece referido y estudiado
en: JÁCOME GONZÁLEZ, J.: “La última… (II)” (op. cit.).
[51] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 3025, oficio V, escribano Cristóbal González Barrero, año 1802, ff.
632-650. La fecha de 12
de noviembre que aporta Repetto debe de corresponder a la del entierro. Por su
parte, se indica también en este documento que Margarita de la Rosa falleció el
3 de Enero de 1793 y no en 1792, como erróneamente se ha dicho.
[52] Textualmente se dice “Que aunque quedaron algunos muebles menage
de casa, ropas del uso del difunto y cubiertos de Plata los han distribuido
entre si los interesados; por cuyo motivo no se incluye nada de ello en el
cuerpo de bienes” (Ibidem, f. 635v).
[53] Es probable que se trate del mismo
Pedro Agustín Rivero que citamos en la nota 48.
[54] A.G.A.S., fondo Arzobispal, sección
Vicaría General, serie Matrimonios Ordinarios, leg. 826.
[55] REPETTO BETES, J. L.: op. cit., p. 246, nota 1.
[56] A.H.M.J.F., Sección Estadística y
Elecciones, Padrones, vol. 3, año 1775, f. 74.
[57] PÉREZ REGORDÁN, Manuel: El jerezano Andrés Benítez y su concepto del
Rococó. Centro de Estudios Históricos Jerezanos. Jerez de la Fra., 1995, p.
53.
[58] SANCHO DE SOPRANIS, Hipólito:
“Papeletas para una serie de artistas regionales” (primera serie), Guión, n° 18, Jerez de la Fra., 1935,
p. 19. AROCA VICENTI, Fernando: “La capilla sacramental de la Parroquia de San
Miguel de Jerez de la Frontera”, San
Miguel. Revista conmemorativa del V
Centenario, nº 2, Jerez de la Fra., 1990, p. 18.
[59] REPETTO BETES, J. L.: op. cit., p. 246, nota 1.
[60] A.G.A.S., fondo Arzobispal, sección
Vicaría General, serie Matrimonios Ordinarios, leg. 394.
[61] REPETTO BETES, J. L.: op. cit., p. 246, nota 1.
[62] A.H.M.J.F., Actas Capitulares, año
1771, Tomo II, “D. Andrés Benítez Arquitecto, Ensamblador, y Dibujante en esta
Ciudad Sobre Que no se le tenga por Maestro Carpintero de lo blanco”, f. 18
(citado en: PÉREZ REGORDÁN, M.: op. cit.,
p. 53)
[63] A.H.M.J.F., Sección Estadística y
Elecciones, Padrones, vol. 3, año 1771, f. 305.
[64] A.H.M.J.F., Sección Estadística y Elecciones,
Padrones, vol. 3, año 1774, f. 150v.
[65] A.H.M.J.F., Sección Estadística y
Elecciones, Padrones, vol. 3, año 1774, f. 135. MORENO ARANA, J. M.: La Policromía… (op. cit.), p. 161.
[66] A.H.M.J.F., Sección Estadística y
Elecciones, Padrones, vol. 3, año 1775, f. 19.
[67] Sobre este particular remitimos al
artículo publicado en el presente número de esta revista por Juan Antonio
Moreno Arana: “De apologías políticas, erudición y enseñanza del latín: el Emblema de Diego de Castro Reboredo
(1777)”.
[68] REPETTO BETES, J. L.: op. cit., p. 247, nota 1.
[69] A.H.M.J.F., Actas Capitulares, año
1802, ff. 38 y 73.
[70] A.H.P.S., sección “Real Audiencia”,
legajo 29668, expediente 2, f. 49.
[71] Los documentos son la partición
convencional de bienes, fechada el 28 de Junio, la carta de pago a Pedro
Agustín Rivero por el cobro de la deuda reflejada en el testamento de Jacome,
otorgada el 1 de Julio (ambos en: A.H.M.J.F., sección Protocolos Notariales,
legajo 3046, oficio V, escribano Cristóbal González Barrero, año 1805, ff. 506-511
y 514) y la venta de una casa que fue propiedad de la difunta, del 8 de Agosto
(A.H.M.J.F., sección Protocolos Notariales, legajo 3033, oficio XXII, escribano
Agustín Jimenárez, año 1805, f. 103).
[72] La referencia a esta escritura
aparece en una nota marginal de otra escritura de 1792: A.H.M.J.F., sección
Protocolos Notariales, legajo 2911, oficio V, escribano Cristóbal González, año
1792, f. 262.
[73] Sobre esta obra ver: SANCHO DE
SOPRANIS, H.: “El Maremoto…” (op. cit.). En las ilustraciones del último de los
artículos de Espinosa y Patrón se recoge una fotografía del también gaditano
Triunfo de la Inmaculada, erróneamente identificado con el que nos ocupa
(PATRÓN SANDOVAL, J. A. y ESPINOSA DE LOS MONTEROS SÁNCHEZ, F.: “Aproximación…”
(op. cit.), p. 371).
[74] MORENO ARANA, J. M.: “Notas
documentales para la Historia del Arte del siglo XVIII en Jerez”, Revista de Historia de Jerez, n.° 9,
Jerez de la Fra., 2003, p. 99; “Aportaciones...” (op. cit.), p 170.
[75] Sobre esta casa ver: MORENO ARANA,
J. M.: “Notas…” (op. cit.), pp. 95-100. VV. AA.: La casa palacio Bertemati (1776-2006). Restauración y rehabilitación
para sede del Obispado de Asidonia-Jerez. Obispado de Asidonia-Jerez, Jerez
de la Fra., 2007.
[76] MORENO ARANA, J. M.: “Aportaciones…”
(op. cit.), p. 160.
[77] A.H.M.J.F., sección Protocolos
Notariales, legajo 2683, oficio XV, escribano Juan Guerrero, año 1769, f. 336.
[78] REPETTO BETES, José Luis: op. cit., pp. 153 y 250.
[79] Sobre estas obras catedralicias ver:
MARTÍN, E. y SANCHO, H. R.: Documentos… (op.
cit.), pp. 14-15. REPETTO BETES, José Luis: op.
cit., pp. 130, 153 y 249-250.
[80] POMAR RODIL, Pablo Javier y MARISCAL
RODRÍGUEZ, Miguel Ángel: Jerez. Guía
artística y monumental. Sílex. Madrid, 2004, p. 118.
[81] A.H.M.J.F., legajo 303, expediente
9025, f. 18. Aparece también referido en: MUÑOZ Y GÓMEZ, Agustín: La fiesta
del Corpus Christi, apuntes de los gastos hechos para la misma por la ciudad de
Jerez de la Frontera. Jerez de la Fra., 1893.
[82] ALONSO DE LA SIERRA FERNÁNDEZ, L. y
HERRERA GARCÍA, F. J.:“Aproximación…” (op. cit.), p. 47.
[83] La inscripción fue dada a conocer
en: SANCHO DE SOPRANIS, H.: “Papeletas…” (op. cit.), p. 18.
[84] REPETTO BETES, José Luis: op. cit., p. 249.
[85] VV: AA: Diccionario
enciclopédico ilustrado de la provincia de Cádiz, tomo I, Caja de Ahorros de Jerez. Jerez de la Frontera, 1985, p. 91. D. José Luis
Repetto Betes, al que agradecemos el acceso a las diversas piezas
catedralicias, nos comentó personalmente que hace años pudo ver una inscripción
con las siglas “PB” en uno de los relieves.
[86] MARTÍN, Eduardo y SANCHO, Hipólito
R.: op. cit., p. 13. REPETTO BETES,
José Luis: op. cit., pp. 137-138 y
250.
[87] Sobre este dorador y otros detalles
de este contrato ver: MORENO ARANA, J. M.: La
Policromía… (op. cit.), pp. 156-157.
[88] ÁLVAREZ LUNA, Ángeles, GUERRERO
VEGA, José María y ROMERO BEJARANO, Manuel: La intervención en el patrimonio.
El caso de las iglesias jerezanas (1850-2000). Servicio de publicaciones del
Ayuntamiento de Jerez, Jerez de la Fra., 2003, pp. 142-144.
[89] REPETTO BETES, J. L.: op. cit., p. 250.
[90] SANCHO DE SOPRANIS, H.: “Nuestra
Señora…” (op. cit.); IDEM: “Apuntes…” (op. cit.).
[91] PONZ, Antonio: op. cit., p. 277.
[92] IGUAL ÚBEDA,
Antonio. José Esteve Bonet. Imaginero
valenciano del siglo XVIII. Vida y obras. Valencia, 1971, pp. 239 y 249.
[93] JÁCOME GONZÁLEZ, J.: “La última…
(II)” (op. cit.).
[94] PATRÓN SANDOVAL, J. A. y ESPINOSA DE
LOS MONTEROS SÁNCHEZ, F.: “La obra… (y II)” (op. cit.), p. 27; IDEM:
“Aproximación…” (op. cit.), pp. 379-380.
[95] Ya fue considerada obra de escultor
genovés en: ARANDA LINARES, C., HORMIGO SÁNCHEZ, E. y SÁNCHEZ PEÑA, J. M.: Scultura… (op. cit.), p 104. SÁNCHEZ
PEÑA, J. M.: Escultura… (op.
cit.), p. 203.
[96] REPETTO BETES, J. L.: op. cit., pp. 129 y 250-251.
[97] Ibídem, p. 251.
[98] A.H.M.J.F., Sección Protocolos
Notariales, legajo 2636, oficio VIII, escribano Ignacio de Buendía, año 1764,
f. 22.
[99] Ya Sánchez Peña destacó sus
características genovesas, afirmando incluso que “pudo haber sido realizada por algún escultor del entorno de Vaccaro”
y que había visto en retablos jerezanos imágenes de gran cercanía formal (SÁNCHEZ PEÑA, J. M.: Escultura… (op. cit.), p. 200). Parece que en origen se le conocía como
“Señor de la Bofetada” (de ahí el pronunciado hematoma que muestra en una de
sus mejillas). Como tal se localiza en un inventario del convento de la Merced
de 1835 presidiendo el primitivo retablo de la capilla del sagrario. Formaba
parte de él también las tallas de Santa Bárbara y San Pedro Armengol, identificables
con los que hoy se conservan en el mismo templo y que podrían ser creaciones
del taller de Vacaro (Archivo Histórico Provincial de Cádiz, Desamortización,
legajo 1237, exp. 8).
[100] Atribución recogida en: REPETTO
BETES, J. L.: op. cit., p. 248.
[101] PATRÓN SANDOVAL, J. A. y ESPINOSA DE
LOS MONTEROS SÁNCHEZ, F.: “La obra… (y II)” (op. cit.), p. 23; IDEM: “Aproximación…”
(op. cit.), pp. 370-372.
[102] Sobre esta imagen lebrijana ver:
MORENO ARANA, J. M.: “La imaginería...” (op. cit.), pp. 46-51.
[103] Así se defiende tras la última
restauración a la que ha sido sometida. Sobre este tema ver: BAZÁN FRANCO,
Francisco y GARCÍA BRENES, Francisco: “He aquí al Hombre”, Carrera Oficial. Semana Santa 2009, Cope Jerez, Jerez de la Fra.,
2009, pp. 12-15.
[104] Este tema ya lo planteamos en:
MORENO ARANA, J. M.: “La imaginería...” (op. cit.), pp. 46-51.
[105] La atribución de este retablo en:
ALONSO DE LA SIERRA FERNÁNDEZ, Lorenzo: “El retablo rococó en Cádiz y su
entorno: evolución y creadores”, Archivo hispalense, tomo 81, nº 248,
Sevilla, 1998, p. 248. Sobre su trabajo en dicho triunfo ver: SANCHO DE
SOPRANIS, H.: “El Maremoto…” (op. cit.), p. 175.
[106] Sobre ambas tallas y su vinculación
con la escultura genovesa ver: PINA CALLE, Agustín: “¿Buena Muerte de San Juan
Grande o Santo Crucifijo del Nazareno?, Revista
de Historia de Jerez, nº 9, Jerez de la Fra., 2003, pp. 75-83. ABADES, J.: op. cit. SÁNCHEZ PEÑA, J. M.: op. cit., pp. 198-199. Este último no
descarta la posibilidad de que el crucificado saliera de las gubias de Vacaro u
otro artista genovés desconocido.
[107] Atribuida en: REPETTO BETES, J. L.:
op. cit., p. 251.
[108] Quizás podría añadirse al grupo la
dolorosa titular de la cofradía también isleña de la Veracruz. La existencia de
estas tres tallas en San Fernando cabría pensar si puede tener algo que ver con
la residencia en ella de dos de los hijos de Jacome, Antonia y Pedro. La
atribución de la Virgen de Gracia y Esperanza se recoge en: PATRÓN SANDOVAL, J.
A. y ESPINOSA DE LOS MONTEROS SÁNCHEZ, F.: “Aproximación…” (op. cit.), p. 378.
La relación de la Virgen de los Dolores de Jerez con su homónima onubense ya se
puso de manifiesto en: ABADES, J.: op.
cit.
[109] Atribuida en: REPETTO BETES, J. L.: op. cit., p. 248.
[110] A.H.P.S., sección “Real Audiencia”,
legajo 29668, expediente 2, ff. 6-7.
[111] Recogida por primera vez en:
ESPINOSA DE LOS MONTEROS SÁNCHEZ, F.: “Aproximación al estudio del patrimonio
imaginero de Alcalá de los Gazules”, Nuestro
Patrimonio, Alcalá de los Gazules, 2007.
[112] Entre las diversas interpretaciones
mencionaremos dos: SÁNCHEZ PEÑA, J. M.: Escultura
genovesa… (op. cit.), pp. 174-178. PATRÓN SANDOVAL, J. A. y ESPINOSA DE LOS
MONTEROS SÁNCHEZ, F.: “La obra… (y II)” (op. cit.), p. 24; IDEM: “Aproximación…”
(op. cit.), p. 373.
[113] SANCHO DE SOPRANIS, H.: “Apuntes…” (op.
cit.).
[114] SIERRA FERNÁNDEZ, Juan Alonso y
Lorenzo de la: Cádiz. Guía Artística y
Monumental de Cádiz. Sílex, Madrid, 1995, p. 141.
[115] Aparece catalogada como “obra de finales del XVII” en: POMAR
RODIL, P. J. y MARISCAL RODRÍGUEZ, M. Á.: op.
cit., p. 158.
[116] REPETTO
BETES, J. L.: op. cit., pp. 248-251.
[117] Ver: VV AA: Guía Artística de Cádiz y su provincia, tomo II, Sevilla, 2005, p.
271. Espinosa y Patrón recogen esta atribución, si bien existe una confusión
con la localidad donde se halla la imagen, que no es Medina Sidonia, como
apuntan (PATRÓN SANDOVAL, J. A. y ESPINOSA DE LOS MONTEROS SÁNCHEZ, F.: “La
obra… (y II)” (op. cit.), p. 23; IDEM: “Aproximación…” (op. cit.), p. 372).
[118] ABADES, Jesús y CABACO, Sergio: “La escuela gaditano genovesa en Huelva
y su provincia”, Cáliz de Paz, nº 5, Málaga, 2009 (publicado también por
internet: http://www.lahornacina.com/articuloshuelva2.htm).
[119] PATRÓN SANDOVAL, J. A. y ESPINOSA DE
LOS MONTEROS SÁNCHEZ, F.: “La obra… (I y II)” (op. cit.); IDEM: “Aproximación…”
(op. cit.), pp. 372-385.
[120] Sobre Galleano y Molinari ver:
SÁNCHEZ PEÑA, J. M.: Escultura genovesa… (op.
cit.), pp. 116-125 y 162-167.
[121] Ibídem, pp. 207-212,
[122] Sobre la catalogación del
crucificado portuense como escultura gaditano-genovesa ver: Ibídem, pp.
190-191.
